Cuentos bajo la almohada

Ser Simple. Ser sencillo y elemental. Poesía.

SIMPLE "Sé tan simple como puedas ser; te sorprenderá ver lo poco complicada y feliz que tu vida puede ser"  ...

miércoles, 16 de junio de 2021

Nada es lo que parece (Este jueves, una historia diferente...)

                    Pintura de Patricia Vicente: https://www.artmajeur.com/es/patricia-vicente
 

 Este  jueves, Dorotea nos invita a escribir sobre una historia del revés. Igual me fui por el pueblo del tío Manuel... pero es lo que me ha salido.  

No os perdáis las otras contribuciones en su blog:  Dorotea      

           

 

                                                      

                             NADA ES LO QUE PARECE

  

  —Tía, no sabes lo que dices… La droga te está comiendo el coco.

  —Me da igual lo que opines.

  —Pero es que ya llevas 800, tía, qué esperas…

  —No lo sé. No sé qué demonios hago aquí. Pero estoy buscando algo. Alguien…

   Cada día tenía la piel más verdosa. Sus ojos comenzaban a salirse de sus órbitas y un fantasma agotador aspiraba su cuerpo como a un cigarrillo. Si seguía pinchándose moriría pronto.

   Esa noche, en el jardín del prostíbulo se oía el canto de un extraño pájaro. Las parejas se estudiaban unas a otras, con su bebida en la mano; sus palabras flotaban indolentes por el aire, atravesadas por las deliciosas campanillas del ave.

  Micaela tenía fama de ser la mejor. Todos se la disputaban. Sus dedos dejaban sexo al menor roce; la seducción de su sonrisa y las serpientes de sus brazos al bailar eran golosinas para los clientes.

   Cuando Abelardo subió las escaleras, siguiéndola como un ciervo en celo, observó una carrera en su media, y sin saber por qué sintió una honda tristeza. En su mente se proyectó la imagen de un pantano, desierto, sobre el que se posaba una gran luna con manchas negras, similares a lágrimas cayendo por un rostro. Un sapo, en algún lugar, croaba, muy solo. Era absurdo y fuera de lugar. Trató de espantar la imagen como el que ahuyenta una mosca molesta. Del exterior llegaba la risa acallada de las fuentes. Volvió a mirar los rizos voluptuosos de la cabellera de la mujer, y se concentró en sus misteriosos ojos selváticos, cuyas pupilas brillaban salvajemente como dos panteras.

  Una vez en la habitación, Micaela escondió rápidamente el disfraz de princesa. Poco antes se lo había puesto para elevar su ánimo depresivo y encarar la noche.

  Después, tomo posesión rápidamente de la cama, con un salto alegre y casi triunfal. Parecía una reina majestuosa sobre las sábanas rojas; desnuda y sinceramente ofrecida como una gota de lluvia en el cáliz de una rosa, a pesar de su extrema delgadez. Él la cubrió con su denso cuerpo de tronco. No pudo evitar ver asomarse, bajo la almohada, los dibujos escandalosamente dulces de un cuento infantil. Él se rió. Y ella también, siempre lo tenía ahí… dijo. Después, dos lágrimas escaparon del dique de sus sentimientos y él las recogió delicadamente con sus labios.

    Cuando la penetró sintió un fogonazo de luz, pero fue el beso el que trajo el desencantamiento. Parecía, no un beso, sino la apertura de una puerta a otra dimensión. Ella notó que su cuerpo crecía, se llenaba de estrellas, de vida, de pájaros volando sobre la nieve. Él, perplejo, contemplo el rostro de una diosa, resplandeciente, con ojos bravos como mares al amanecer. Estaba transformada en una mujer completamente distinta. La piel era dorada, y sobre sus cabellos rojos y ondulantes de anémonas flotaba una corona de plumas. De sus labios redondeados salió un chorro de mariposas que envolvieron al hombre en el más completo y loco anonadamiento.

   —Sabía que estabas en algún lugar— le dijo. —Busqué tu beso durante años en los hombres con los que yacía, para que rompieras este hechizo infernal que me ataba a este mundo. Ven a mi reino; comencemos nuestra historia robada. Te olvidarás completamente de esa bomba que ibas a poner mañana...  Tú no eres un terrorista. También estás encantado. Los dos somos personajes de un cuento fabuloso encadenados a esta realidad. Ahora puedo recordar bien… La diosa de los truenos, celosa, nos separó. Pero al fin te he encontrado y juntos podemos romper el hechizo... ¡­Y salir de aquí!

     —Llévame contigo— pidió el hombre, casi aniquilado ante su embriagadora majestad.

     Entonces, Micaela, llevada por una súbita inspiración, lo besó. El amor se derramó de sus bocas hacia el magma de la tierra. Lo desencantó, como antes él a ella, y el hombre adquirió la grandeza de un águila en los ojos y la inocencia de las amapolas en la piel. Miraron hacia la puerta de la habitación. Cubierta de resplandecientes zafiros acababa de abrirse sola... Desaparecieron por ella, agarrados de la mano, dejando abandonados en aquel lugar de miseria sus cuerpos físicos como dos trajes usados.

    En el aire quedó un reguero de ranitas brillantes, que fueron posándose lentamente en el suelo. La policía, al entrar días después, no pudo ver ni escuchar a las ranas, todavía croando alegremente por la habitación.

 Precintaron el lugar después de fotografiar los cuerpos muertos y amorosamente enlazados de una prostituta drogadicta y un terrorista muy buscado.

                                                  ***

miércoles, 9 de junio de 2021

Un balazo de luz. Este jueves un relato "de cine"

 

Hoy nos invita Mónica a dejarnos llevar por la inspiración con imágenes de películas de cine. Yo he elegido ésta por su belleza. No sabía que pertenece a la película "El exorcista" 1973, con lo cual mi historia no tiene absolutamente nada que ver.

 Podéis ver más contribuciones en su blog: http://neogeminis.blogspot.com/


UN BALAZO DE LUZ

  

Anduvo toda la tarde por las calles, al azar, hasta que la noche lo engulló como a un pequeño insecto. Apareció aquella niebla fatídica que marcaría su vida con llagas de humo. Primero, deambulaba distraída. Luego, jugó a esconder las cosas con sus manos frías.

 El caminante dejó de reconocer la ciudad. De pronto se paró. No sabía por qué lo hacía, pero sintió ese impulso, fuerte como un grito en el oído. Estaba casi paralizado ante la entrada de una gran mansión. La verja estaba abierta, dejando salir una vaharada de niebla densa como si fuera el aliento de la casa. Un olor intenso a vegetación descontrolada escapaba por los muros. Entre la hierba se insinuaba el bulto fantasmal de un coche viejo, con las ruedas pinchadas.

 Dos de las ventanas estaban iluminadas,  dejando ver una silueta femenina en continuo trasiego. Todo le resultaba intensamente conocido. Sabía que había estado en aquel lugar hacía mucho tiempo. Luchaba por recordar, pero cuanto más se esforzaba más se hundía en una angustiosa incertidumbre.

 Su estampa permanecía impávida, bañada de irrealidad, frente a aquella casa, bajo la luz de una farola que parecía puesta allí para que él buscara en su interior. Era la estatua de la incertidumbre. En su mente se cruzaban chispazos de recuerdos vivaces como renacuajos: el humo de un pitillo sin apagar, difuminando la imagen de un lujoso reloj sostenido por dos ninfas de bronce; música de soul embadurnando de pasión un cuadro de Picasso;  un vestido de terciopelo rojo colgado indolentemente del pomo de una puerta;  una baldosa inclinada, la llama de una vela... Y luego una mujer, clavándose como una dolorosa aguja en su pecho, cuyo rostro era imposible de reproducir. Sólo recordaba unos cabellos rubios. Pendían del borde de la cama, en cascada dorada hacia el suelo.

 Todo acerca de esa noche estaba parcialmente aniquilado, como si por su mente hubiera pasado un tornado. ¿Quién era esa mujer? ¿La amaba? ¿Podría encontrarla de nuevo?

 Sus jefes le dijeron que no regresara nunca a la ciudad. Hacía veinte años de eso. Trabajaba para el gobierno americano, como espía. Le habían borrado un fragmento de su memoria porque guardaba información demasiado peligrosa. Aquella fue su última misión. Le dieron nueva identidad  y una vida diferente en otro país, y no volvieron a tener jamás contacto con él.

 Pero ella, ella… pensaba una y otra vez, como queriendo exprimirle todo el sentido a la palabra. De la ventana superior derecha, vio asomarse una extraña figura femenina, muy alargada, rubia, deformada y vibrando como una llama. Parecía mirarle fijamente. De pronto, de sus ojos salieron dos luces muy intensas que se proyectaron directamente hacia sus ojos, cegándole dolorosamente. Fue como un balazo de luz. Y entonces se vio a sí mismo, desde afuera: contempló una silueta  recortada junto a una farola, que se giraba para mirar por última vez la casa. Un hombre con bombín y una pequeña maleta,  casi petrificado. Supo que era él hacía veinte años. En una de sus manos tenía una pistola, doliéndole como un cepo mordiendo su carne. Y en su recuerdo, unos ojos que le suplicaban.

 El hombre del presente gritó lo que calló el hombre del pasado. A lo lejos ladró un perro con la misma desesperación. Anduvo unos pasos, pero sentía su ser rompiéndose en pedacitos de humo. La figura había desaparecido, y en su lugar una gran lengua de niebla, saliendo de la ventana, lo estaba succionando.

  En el futuro quedaría transformado en un sujeto de sombrero hongo, maletín y una pistola en la mano. Daba igual que trabajara, saliera con sus amigos, o besara a su hijo. Inevitablemente, su conciencia estaba allí, disgregándose, recordando aquellos ojos suplicantes.

jueves, 13 de mayo de 2021

Salir a la vida

 



                                                        QUE NADIE ME TEMA


  Reconozco que soy una inadaptada. Desde hace cinco años, ahora tengo veinte, no consigo hacer el papel correcto que se espera de mí. Y es que cuando creo que soy normal, que funciono como un ser humano adecuado a sus circunstancias, y todo rueda, y todo parece sonreírme… mi cuerpo se vuelve rígido, mis brazos se doblan levemente, mi rostro sólo puede mirar hacia el frente, mis ojos sonríen dulcemente desde una máscara que esconde mi pavor interior, y mis piernas, se estiran dolorosamente hasta colocarse de puntillas, siendo incapaces de dar un solo paso. Quedo convertida literalmente en una muñeca “Barbie”, completamente inútil y a merced de quien quiera utilizarme. Todos conocen ya mis ataques de muñeca, siempre inesperados y fatales, y todos intentan ayudarme, moviendo mis brazos como el de la muñeca, hablando por mí, peinándome, incluso poniéndome ropa nueva. Saben que es el único método de que vuelva a la realidad; yo misma, sin saber por qué entonces, les daba esas instrucciones, estando consciente. Tras diez minutos, más o menos, se me pasa, y vuelve mi conciencia y mi cuerpo se torna humano. Es una pesadilla.  Lo he probado todo. Mi vida es inútil; está destrozada, lo sé. Lo peor es que nunca he tenido la menor idea de por qué me sucede. Pero hoy, mis padres adoptivos, ayudados por un psicólogo, han hablado conmigo. Me han contado toda la verdad, salida de una sesión de hipnosis que me hicieron. Creo, que aunque ha sido lo más atroz que he escuchado, en el fondo es bueno, porque ahora puedo comprender,  y un rayo de esperanza comienza a atravesarme.

  Lo que había, escondido en el fondo de mi mente es lo siguiente:

Desde que nací fui escondida en el cuarto de los trastos de unos padres desalmados, robóticos… no sé si existe una palabra para ellos, puede que la halle en la boca del diablo… Les oía decir que en mis ojos de bebé veían sus propios pecados, como en un televisor, y no podían mirarme. Se veían siempre a sí mismos, haciendo cosas horribles. Por eso decidieron no mirarme más y encerrarme, ocultando mi existencia al mundo entero, pues pensaban que los demás también contemplarían en mis iris lo que ellos veían, su lado más deleznable. Durante quince años me mantuvieron viva, dándome infinidad de juguetes para lavar su culpa; de hecho al entrar al cuarto había más de cien muñecas barbies diferentes.  Cuando entraban, se tapaban los ojos, de modo que nunca pude recibir una mirada humana... En mis juegos, como toda niña, daba vida a las muñecas, y es cierto que me identificaba con ellas, dándoles vida, aquella que yo no tenía yo. Aprendí a hablar a través del televisor que tenía. Ése era mi ventana al mundo real. A los quince años, alguien me liberó de allí. Pero yo no recuerdo lo que ocurrió después. Así como hasta ahora no he podido recordar nunca nada de mi pasado, ya que al salir de aquel cuarto, el impacto de la realidad abierta, poblada de seres, de cosas, de cariño, de vida… fue tan fuerte que quedé inconsciente y mi mente hizo un borrado total para protegerme. Desde ese momento fui adoptada y comencé una nueva vida, aprendiéndolo todo desde cero, pues, según cuentan, era medio salvaje, medio civilizada.

 Ésta es mi vida, y sí, plena y consciente ahora tengo la pequeña esperanza de curar a la muñeca rota que hay en mí. 

 Y por favor, que nadie me tema, en mis ojos no se ven vuestros pecados, al menos es lo que dice mi psicólogo. Aunque tengo un poco de miedo de que sea verdad... porque la gente me mira de modo extraño, y parece que se asustan, y luego disimulan...  Y cuando noto esa  mirada sobre mí más tiempo del normal, sobrevienen mis ataques, que me dejan paralizada, como a una triste muñeca Barbie. 


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Visitad otras creaciones en el blog de Neogéminis: http://neogeminis.blogspot.com

miércoles, 17 de marzo de 2021

Las llamadas del pánico

Este jueves, Mag nos propone crear un relato inspirándonos en una de las cuatro escenas de esta casa. Se puede tomar, además, algún elemento de otra escena.

Como Poe es uno de mis cuentistas favoritos, no he querido ausentarme este jueves, aunque sólo sea un disparate lo que se me ha ocurrido.

Los demás relatos participantes, en el blog de Mag.

 

 

                                 LAS LLAMADAS DEL PÁNICO

 

Llevaba días y noches oyendo siniestros golpes en la puerta. A veces parecían golpes de nudillos; otros, sonaban como arañazos; y de vez en cuando, una feroz embestida parecía echar la puerta abajo. Desde que alquiló aquel ático, los espantosos sonidos eran continuos. Cuando abría, el vacío se burlaba de él. De la ventana también se escuchaban golpes, como si algún ave invisible chocara una y otra vez contra el cristal. Del espejo, igualmente, provenía un monótono martilleo de pájaro carpintero. Quitó el espejo más de una vez. No tenía vecinos. Pegó su oído a la pared. Cuando cesaba el ruido, se oía la voz de una mujer joven, cantando, como para sí misma, una melancólica canción. Para colmo, su propia esposa había desaparecido hacía un día. Debajo de él, desde el piso, también sonaban llamadas de aldaba, timbres y campanas. Y cuando dormía, unos dedos lo tocaban, lo empujaban, tiraban de sus manos con urgencia, como si quisieran levantarlo imperiosamente de la cama. Despertaba gritando, y todo desaparecía, salvo la cantinela triste tras el espejo. Ante el brillante cristal, su gato negro llevaba días sentado, maullando con amargura. Hasta que su blanda lengua lamió su reflejo. Entonces fue tragado por el espejo. Y el amo, que en ese momento lo acariciaba, también.

Ni un dios sería capaz de describir el escalofriante pavor que experimentó cuando, a oscuras se palpó a sí mismo, a su gato, y a su propia mujer aterrorizada, inmovilizados todos entre las dos paredes de la casa. Tenían el espacio mínimo para gritar. Y lo hicieron (maullido incluido). Pero mientras expresaban su terror, comprobaron que sus propias voces, al atravesar la pared sonaban por toda la casa como llamadas en la puerta, en el suelo o en el cristal. Al callar, su silencio se trasformaba en una canción lánguida, tristísima, agónica. Y cuando el hombre notó las palpitaciones ansiosas de su corazón desbocado por el miedo, comenzó a oír, al otro lado del muro, el rapidísimo sonido que hace un pájaro picapinos en la madera. Entonces se percató de que el espejo era el causante, no sólo de querer matarlos en vida, sino también de alterar sus voces de auxilio.

Pero a lo imprevisto, a veces, le gusta jugar... Los tres oyeron unos golpes en la puerta. Era el  avispado niño que vivía en el piso inferior, el cuál, harto de los ruidos, subió a investigar. Dio cinco golpes con sus nudillos. Al no oír respuesta, forzó hábilmente la cerradura y pasó, dejando la puerta abierta. Hombre, mujer y gato comenzaron sus llamadas desesperadas y espeluznantes. El niño se dirigió hacia el espejo y, más curioso que una urraca, lo tocó, siendo succionado también. El cuarteto emparedado, fuera de sí, comenzó su espantosa murga de golpes y llamadas.  Pero quiso la casualidad que el cuervo del vecino del segundo piso acabara de escaparse; subiera volando escaleras arriba, entrara por la puerta abierta, y comenzara a picotear el espejo con furia, sabiéndose a salvo de los influjos nefastos de los espejos, por representar él mismo a la muerte. Lo hizo añicos en su furor destructor (y es que la muerte odia que "otro" decida por ella).

 Esperó a su amo, que venía corriendo tras él. Era el mismo Poe, que al llegar escuchó de nuevo la cantinela de su fúnebre amigo: " Never more, never more*..."

 Y esta vez sí salieron nítidamente claros los gritos de la pared, haciendo que el atormentado poeta se pusiera a picarla, apareciendo primero la patita negra del gato, el cúal escapó escaleras abajo tras el cuervo.

 La atemorizada pareja decidió mudarse a otra casa. Y la mujer se libró del terrible futuro que le esperaba, y que sólo alguien como Poe, en su más calenturienta imaginación, podría haber imaginado...: ser emparedada por su alcohólico esposo en ese mismo cuarto piso*.

 

 

                                                            ***



*Never more: Nunca más. En el poema de Poe, para los que no lo conocen, el cuervo repite sin cesar esa frase al narrador, que llora la muerte de su amada.

* El gato negro de este cuarto piso es la historia de un alcohólico obsesionado con su gato negro que acaba emparedando a su mujer.

lunes, 15 de marzo de 2021

La mujer eco (relato)

 

                  

                                           Pintura: José de la Barra

 

                                       LA MUJER ECO


  Lisa estaba cansada de llamar tanto la atención. Tenía un aspecto absolutamente arrebatador, incluso en bata y rulos. Necesitaba hacerse transparente, un poquito menos imponente que el sol reflejado en el Danubio; al menos un poquito menos exquisita que la lluvia deslizándose por una peonia. Sin duda no era buena idea huír de sí misma, pero no podía evitar desear sentir lo que significaba que la ignorasen por completo. Llegó a la tienda llamada “Un poco más allá” y pidió un disfraz al guardián de la puerta, que le dijo que ya tenía uno: "Tu disfraz es la belleza, no puedo darte otro, a no ser que mires en aquel estante, donde están los más etéreos; quizá puedas ponerte alguno por encima...". Se acercó al estante más alto y leyó los nombres de los disfraces: “Suspiro”,”Eco”; “Ovación”; “Éxtasis de lagarto”; “Corazonada”. Se quedó con el de “eco”; y se lo llevó puesto; y le quedaba a la perfección, como un guante alucinante de sonidos.

Pero la muchacha se iba medio demolida como una montaña dinamitada, pensando en lo que le había dicho el guardián. Mi disfraz es la belleza... pensó. Entonces ¿quién soy yo en realidad?

  "¿En realidad?, ¿alidad?, ¿lidad, ¿dad?, ¿ad?" Escuchó su propia voz, dejando una cola de pajarillos alocados. Le fascinó. Se enamoró de aquellas respuestas que viajaban por los vacíos de las esquinas. Y tanto le gustó, que decidió llevarlo puesto durante años, instalada en las paredes de un estrecho barranco, y repitiendo enardecida las voces del águila o la marmota, los distintos estados de ánimo del viento; y hasta los gritos juguetones de senderistas ocasionales. Nadie sabía de ella; su presencia era fantasmal. Aprendió a imitar la pureza del sonido, la intención de cada frase, grito o canto, la magia de la reverberación como perfume de cada ser. Hasta que un pastor llegó y se puso a gritar con toda sus fuerzas. La chica disfrazada de eco fue incapaz de reproducir su voz. El hombre carecía de eco. Era inimitable; absolutamente único. La chica disfrazada se quedó tan estupefacta como maravillada. Quería repetir aquella voz, pero era inútil. El hombre sin eco se alejó, empequeñeciéndose en la distancia, a pesar de que su sombra era gigantesca, abarcando todo el valle.

  Aquella noche decidió ir en su búsqueda. Y descendió al mundo con el obligado disfraz de su espectacular cuerpo de mortal, bellísimo puma negro con mirada de gacela. En su ímproba tarea de encontrar a aquel hombre, descubrió que si se ponía de vez en cuando el disfraz de eco, podría reflejar todas las palabras de los que la rodeaban (para asombro de la gente, que creía perderse, momentáneamente, en un laberinto de ecos irreales). Mas era la única manera de desvelar al hombre cuya voz no tenía eco.

  Y como el tesón era su caballo favorito... al fin lo encontró. En el mismo sitio en que lo viera la primera vez; gritándole a las soberbias paredes rojas y extrañado de no oír su propio eco, ignorando por completo que era uno de los hombres más auténticos de la tierra, transparente a pesar de su disfraz de pastor, inigualable, por lo que ni el eco era capaz de imitarlo.

  Vio acercarse a la mujer de ojos asombrados de gacela, que, lentamente, dejó caer su bello disfraz, y con su ser prístino como el eco de la primera palabra de Dios, le acarició directamente el corazón, “razón”, “zon”, “n”...


                                                                  ***

miércoles, 10 de marzo de 2021

Fantástica fe (Este jueves un relato)

 

Reto para este jueves cuyo tema es la Fantasía, propuesto por Neogéminis en su blog, donde encontraréis el resto de las participaciones: Mónica Neogéminis

 

 


                                 Pintura: Nicoletta Tomas Caravia

                                 

                                    FANTÁSTICA FE

 

La dama del invierno no encuentra la llave del baúl donde guarda la nieve y teme llegar tarde a su boda anual con la Tierra.

Se ha colocado ya una falda roja con las hojas nostálgicas de los arces y abandonadas plumas de perdiz en los pechos. Luego, ha rizado sus pestañas con escarcha del año anterior, y, coquetamente, deja ver su ombligo profundo de estrella polar.

Encontró al fin la llave bajo la garra de un cachorro de oso, dormido.

Ahora, la dama danza montaña abajo mientras echa estrellas de nieve por su aliento.

Así narraba un cuento inventado la extravagante tía Inés a su sobrino, enfermo de cáncer, en una habitación que olía un poco a amargura infantil y otro tanto a ilusiones efímeras de media hora. Al menos, el pequeño podía volar hacia el interior de un mundo donde todo era posible.

La tía, visto el entusiasmo del chiquillo, le sugirió que pidiera un deseo, añadiendo que la dama del invierno se lo concedería.

–¡Quiero vivir!. –respondió lanzando la mirada hasta rebotar por todas las esquinas blancas del cuarto.

Se escurrían los días, minuciosamente ordenados tras el secundero del reloj solar, hasta que resbalaron también incipientes trinos, anunciando ya la primavera, que andaba impaciente por abrillantar sonrisas. El día exacto en que floreció la primera prímula en los Alpes, la radiografía del niño aparecía limpia y bella como un campo de heno. La palabra “Milagro” saltaba de lengua en lengua, muy divertida.

Cuando el niño le llevó a su tía la verdadera prueba de su salud en un ciclón de palabras coloridas, atropelladas y pletóricas, ésta le dijo:

–Dale las gracias a la dama del invierno porque ella cumplió tu deseo.

Y después de contemplar los pájaros dichosos, detenidos en pleno vuelo, del alma de su sobrino, añadió:

–Ahora, la dama blanca duerme en su madriguera de nubes, satisfecha por haber hecho bien su labor: darle todo su aliento a la primavera. Y la primavera... también eres tú.

                                                          **

     


martes, 9 de marzo de 2021

Palabras... Mi luz (poema)

 

                                                            Pintura: Jose De la Barra

 

 

Poética

 

Voy caminando mientras encuentro palabras....

atrapadas

en las crines soñolientas de los caballos,

 en los aullidos concéntricos del agua...

en la lluvia que acaricia las mejillas.


Si pudiera,

 hacerme con vosotras un traje gigante

que me hiciera completa

 como un planeta.

Si pudiera derretirme en vuestro ocaso

vertido en el cáliz de una flor.

 

¡Palabras!

Sois mi arpa blanda de cisnes, 

la música que enciende delfines en mis dedos,

la gacela que pasta un pedazo de inmortalidad...

 entre la nieve.

 

Palabras... 

me ama vuestra niebla con frágil arrebato,

                                       me enardecen vuestras secretas mariposas

libando de mi boca.




     *