Cuentos bajo la almohada

miércoles, 8 de junio de 2022

La trampa del reloj... Infinitud. Este jueves un relato

 


Esta historia me la ha traído el conejo de Mónica. Aquí, a los pies me la ha puesto. 

Le he dicho que era muy larga y muy loca, que se la llevara por el mismo sitio de donde la había traído... pero no le ha dado la gana. Pido disculpas :))

Más aportes en el blog de NEO



Imagen: https://ar.pinterest.com/pin/6122149484873309/


                                                        LA TRAMPA DEL RELOJ


   

“Sólo le dan de vida hasta los siete años”. Escuché que le decía mi padre a mi madre cuando era yo pequeña y sólo tenía cuatro. No saben que yo lo oí. Y ahora tengo siete años menos un día. Y mucho miedo; estoy deseando encontrarme con un reloj capaz de frenar el tiempo. 

Salgo, a ver si por casualidad encuentro algo (¡oh, sí!, por favor, por favor...). Dice mi padre que la fe mueve montañas; es decir, que puedes conseguir lo que quieras.

Las palomas hoy no me piden pan. Una allí se ha acomodado sobre una trampilla de hierro. Vaya un lugar extravagante se ha buscado... Debe de ser que no tiene un nido para empollar… Voy a ver.

Qué raro. Esta trampilla tiene forma y agujas de reloj. La levanto. Se oye lluvia allá abajo. No voy a entrar. Da yuyu... Mañana moriré. ¿Y por qué no pasas, so tonta? No hay nada que perder.

Vale. Qué fácil es abrirla…

Bajo siguiendo una escalera oxidada, vertical. Miro hacia arriba y me veo a mí misma duplicada asomada a la trampilla, mirándome. ¡Qué susto! Pero parece una foto; no se mueve... Es muy raro...

Todo está oscuro, me gusta el sonido de la lluvia, me reconforta. Mañana moriré. Voy a seguir.

Ahora el agujero se hace ancho. Hay una gran habitación. Mamá está ahí… ¡conmigo!, ¡yo soy el bebé! Me da el pecho. Tiro del pelo de mi madre con fuerza. A lo mejor creo que es un telón…

Sí. Lo era. Porque ahora todo ha cambiado. Parece una película de mí misma… ¡Es divertido! Soy muy anciana; sé que soy yo; me siento. Vuelvo a estar enferma. Un hombre me besa en las manos. Llora. Es mi hijo. Se llama Chopin. Me gusta la casa en la que me encuentro, llena de velas. Qué felicidad… En todo hay ternura, y música. La anciana me ha visto; yo le digo que no descorra la cortina, porque saldrá otra escena.

Hasta luego, bajaré más escaleras…

 No tengo miedo. Me encanta ir hacia atrás. Se abren más y más habitaciones según bajo. Algunas no me gustan nada, como esa donde me decapitan... Sigo… He llegado a la cueva en la que me encanta pintar bisontes. Qué vergüenza... no llevo ropa. Quedan diez minutos para que sea mañana. ¿Se va a morir aquella de la fotografía? Yo me quedo por aquí, explorando… Miro para abajo, y la escalera no parece acabar nunca… Me gusto de australopiteca; y también de canguro, culebra, cucaracha, cactus, cobre, CO2...

Ya es el día siguiente según mi reloj de pulsera. Debería estar muerta, pero en el pasado estoy a salvo. Aquí hay una ventana que antes no estaba. ¡Agh...! tiene una cagada fresca de pájaro en el cristal... A través de ella veo a una niña (¡Yo, que acabo de cumplir 7 años! ¡Y no me he muerto! Era un error... Los médicos no lo saben todo...) Estoy buscando la trampilla que vi el día anterior. No la encuentro. No hay rejilla con forma de reloj, ni paloma acostada, ni nada. Llega por detrás mi madre. Me abraza y me besa alegre, y sigue conmigo por el paseo. Ahora van a casa de la abuela… Oigo lluvia, lluvia bonita allá arriba...

Y no se ve nada más…

Quiero volver al futuro.

Cuánto he bajado... Y la escalera sigue y sigue hacia el infinito... Miro hacia arriba. Está muy oscuro; la trampilla de arriba se ha cerrado, cerrado… ¿Cerrado?

Era un reloj trampa...

Oigo lluvia, mucha. Qué miedo. Quiero ir al futuro, por favor, por favor... (dice mi padre que la fe mueve montañas.)


martes, 24 de mayo de 2022

A tu lado AMANEZCO (prosa poética de amor)





 A TU LADO AMANEZCO

Amanezco cada día porque existes.
Amanezco vertiendo rosas en la mesa.
Me visto con la luz de las risas que quedaron en las sábanas.
Y soy como el mar cuando estira sus olas y pide a la tierra su caricia: "Amor, no te vayas sin besarme".
Sujetas mi cintura de terciopelo solar; posas tus manos como el que toca una ofrenda.
Nos miramos. Miles de raíces arraigan en nuestros corazones.
Sales con un resto de carmín en la nube de tu frente. 


***

Noviembre, 2015 "Madera y miel"

miércoles, 18 de mayo de 2022

Nosotros y el mar. Inocencia

 

                                                                                                                                           Fotografía: Volarela
 
  

  EL MAR Y NOSOTROS

 

Sin juegos no hay inocencia. 

Sin inocencia no hay amor.

Nosotros éramos el juego

de las puras olas.

Nuestros cuerpecillos desnudos se vestían de espuma

y a cada exhalación de mar

teníamos un traje nuevo.

A veces teníamos pececillos de espuma entre los dedos;

Y a veces una ola bebé

nos dejaba un tirabuzón en la sonrisa.

Y el sol también jugaba...

¡Ay el sol!

riéndose doradamente

desde la arena ardiente

donde dejábamos caer nuestras fresca piel de albaricoques,

bellamente agotada.

 

Teníamos estrellas de espuma en los ojos

y no lo sabíamos;

luz chorreando en los dedos al tocarnos,

y no lo sabíamos.

 

Porque éramos el puro amor galopando libre...

sobre las blancas praderas de las olas.

 

*


Podéis leer más aportes marinos en Palabras de Sindel. Mar

sábado, 14 de mayo de 2022

La gaviota (relato breve)

 

                      


                           LA GAVIOTA

 

  Bajo sus párpados cerrados todas las heridas sangraban; se sentía líquido vertido al mar, supurando por cada poro de su piel; completamente deshecho; flotando, a merced de una inmensa voluntad de agua. Su pequeño velero fue despedazado en la tormenta más salvaje que la mar hubiera improvisado para ningún mortal. Aferrado a un trozo de plástico como una lapa de carne y hueso aterrorizado, despertó de su inconsciencia y miró al cielo, y luego a su alrededor...

  La palabra que golpeó su mente fue: negrura. La noche se bebía su corazón: Densamente, espesamente, absolutamente. Gotas negras golpeando su piel. Noche rayando sus labios ateridos. Frío. Nada. Soledad despiadada para esa mota de apenas sesenta kilos de voluntad sobre una masa móvil e infinita de agua negra, sin voluntad conocida.

  Qué podía hacer sino rendirse… allí, solo, tendido sobre las fauces del abandono, a latigazos de frío, a mordiscos de miedo con sabor a sal y a muerte. El silencio helado de las gotas ululaba por su piel… La garganta abismal del mar sabía esperar.

  Volvió a cerrar los ojos. Terror. Dolor. Frío. Soledad. Ya no podía más. Dentro de su ser se había roto todo... Y lo aceptó, y se dejó caer, sin lucha ya, a merced de un "Sea" que circulaba como sangre de estrellas por su cuerpo.

  A través de los párpados, medio velados por un sueño que se acercaba, fruto del congelamiento, entrevió una forma blanquecina a su lado. Se mecía, como él, en la vastedad cósmica del océano. Estaba hondamente callada, muda como él. No distinguió de qué ser se trataba. Tan sólo captaba una presencia neblinosa que emitía mucho, mucho calor. Y empezó a notar que sus miembros eran cubiertos por una gigantesca pluma caliente. El mar se había vuelto cálido. Ya no temblaba ni sentía pavor. De un modo lírico y piadoso, se sentía acogido. Y se durmió, consciente de que no era posible hundirse ya más de lo que su alma había experimentado. Un amoroso y lento sueño circuló por sus venas como un río calmo. Se rindió plenamente a esa sensación.

  Despertó. Incomprensiblemente, seguía vivo...

  Quiso moverse, pero no pudo. Estaba extrañamente enredado a una red de pesca. Oyó voces alarmadas de maravilloso timbre humano; voces hermanas...

  Y a su lado había una gaviota, que dormía. Era la misma presencia que le acompañó toda la noche, nítidamente contorneada. El ave, con un graznido limpio como el amanecer echó a volar hacia las abiertas manos del sol.

  Y él creyó sentir todas las gotas del mar a la vez derramarse tersamente por sus ojos.

***




Maite Sánchez Romero (Volarela) 
(De "El viento en tu rostro", Nov. 2020)

miércoles, 11 de mayo de 2022

El poeta está solo

                                                              Pintura: La muerte de Chatterton, por Henry Wallys 
 


Siguiendo la propuesta de Gustav en su blog... 


                                                                   EL POETA ESTÁ SOLO


"Su cuerpo fue bebido como un néctar de hibiscos a pleno sol, por dos labios secos como dunas. 

Él resbaló por su corazón abierto, estremecido, y besó cada uno de sus latidos en flor. 

El héroe se rindió ante la walquiria, y puso girasoles de fuego a sus pies. 

Mientras se abrazaron, retazos de niebla copulaban con el sol y una polilla sobre un árbol se tiñó de oro."


Abre la ventana. El moscardón atrapado sale al fin. El joven está tan solo como un tren abandonado en Venus; un suspiro se le escapa hacia las esquinas dormidas del puro silencio. Coge un cigarrillo. Expele una voluta que quiere ser mujer. Abajo, en la calle chirrían unos frenos. Sale alguien del coche. El poeta se acerca a la ventana, ve una muchacha cruzar el asfalto con el poder contenido de los gatos y piensa: "Pudiera ser Ella; pudiera oler a lilas..." Y sigue escribiendo:

"Los amantes son descubiertos por la tormenta riendo bajo las sábanas del cielo..."

El poeta está sólo con su imaginación creando más y más volutas suaves como senos de náyades.

De pronto, llaman a la puerta. El poeta abre y contempla asombrado. Traduce para sí:  dama amaneciendo, música de flautas en la piel; ojos de azul hipnótico, con acabados de gata siamesa. ¡Y huele a lilas recién abiertas... !

Descubre largas lianas cobrizas cayendo por su escote, cabellos que algún día podrían retozar plumosamente en su pecho. 

Su líquida voz al presentarse es puro jugo de grosellas. 

Esa tarde fue muy fructífera para la vendedora. Su primer día y ya había conseguido cubrir el objetivo de una semana con aquel cliente que parecía haberle caído directamente de la luna.

Se cierra la puerta. El poeta vuelve a estar solo como un monolito en el océano. Pero le ha pedido su número de teléfono. Mira el papel garabateado por aquellos dedos como sombras de junco; todavía huele a musa. 

Soñará muchos días con ese papel. Lo estrujará en su pecho, lo besará, lo tirará a la calle y volverá a por él... hasta que comprenda que ella no contestará a sus llamadas... jamás. 


***








viernes, 22 de abril de 2022

El mudo

Inspirándome en una de las obras del pintor Denis Sharazin bajo la original propuesta de Mónica para este jueves simbólico.  Enlaces a los otros participantes

                                                                        



                                                                       EL MUDO QUE TENÍA UNA OBSTRUCCIÓN DE MARIPOSAS


 “Atención, atención, despejen la sala”, escucharon los lepidópteros.

 Todo estaba lleno, absolutamente lleno de pelotones de mariposas monarca en aquella estancia. Sólo habría cabido un alfiler agudísimo entre ellas, o la pequeñísima exclamación de admiración de un diminuto saltamontes. 

“Atención, despejen la sala”, escuchó Amenofis.

Llegaron los médicos. Le colocaron los tubos en la boca. Todavía contemplaba doradas mariposas que ocultaban el sol y abanicaban sus sienes.

Hacia treinta años que no hablaba. Tenía una obstrucción lingüística. El accidente de sus padres casi le arranca de un golpe el alma. El único modo que encontró de olvidar fue llenar voluntariamente su boca de mariposas mudas, imaginadas. Las monarcas eran la belleza pura, y las estudió en silencio, las siguió en sueños, en vida, en los libros de entomología, en el campo...

Pero al fin los médicos consiguieron desatrancarlo y extraer los delicadísimos restos de belleza devorada. Volaron más y más mariposas por la sala y el comenzó a hablar muy suavemente, ya curado y libre de aquel dolor de su infancia. Pero nadie pudo entender sus frases de néctar, sol y revoloteos musicales; sus palabras avainilladas, hechas de pétalos y estambres de terciopelo nocturno. Nadie, salvo las mariposas.

´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´



jueves, 21 de abril de 2022

Otros juegos (microrrelatos)


Pintura de Denis Sarazhin


OTROS JUEGOS 


Javi y Nuria dejaron bruscamente de jugar. La cortina de la ventana se había levantado como impulsada por el viento. Olía a gominola de arándanos. Se acercaron. Vieron una mujer gigante que volaba frente a ellos envuelta en sedas del color de un atardecer. Sus ojos parecían los de una yegua maternal y plácida. Les ofreció su gran mano abierta y ellos no pudieron evitar darles sus pequeñas  manitas. Era irresistible la simpatía que emanaba de aquella criatura. Fueron llevados a un sitio hecho de pensamientos de colores, donde vieron a su perro, muerto hacía tiempo.  Estuvieron en una escuela muy distinta a la que conocían y pasaron varios siglos aprendiendo.

Cuando la cortina dejó de moverse, la madre los encontró un poco aturdidos, en el suelo del cuarto, con las fichas del parchís esparcidas por la alfombra.

Ellos miraron a su madre. Ya no sabían seguir jugando. Habían crecido de pronto. Tenían cuerpo de  niños pero su mente era de adultos; adultos muy poderosos. 

Pero tuvieron que disimular durante años y guardar su secreto, hasta que no pudieron evitar hacerse muy altos y echar a volar y buscar a otros niños que dejaran bruscamente sus juegos para conocer mundos... hechos del color del pensamiento.