Prosa poética y poesía. Del Amor, la naturaleza y otros cuentos

Ser Simple. Ser sencillo y elemental. Poesía.

SIMPLE "Sé tan simple como puedas ser; te sorprenderá ver lo poco complicada y feliz que tu vida puede ser"  ...

sábado, 28 de noviembre de 2020

Meditando con una rosa rosa (meditación poética-espiritual)

 

Rosa rosa. Volarela

Tu presencia es presente. En este instante, tu corazón sin espinas me traspasa. Delirio rosa.
Eres vida, que bebió cielos y transmutó materia, y ocupó su tiempo en la belleza total. Tallaste en ti la mirada frágil del amor.

Naciste envuelta, apretada sobre ti misma, dispuesta a desplegar la espiral de tu misterio: secretísima poesía del universo; así despliegan su aroma las galaxias.

Me vives mientras existo en ti. Te vivo mientras existes en mí.
Ahora, estamos juntas:
Tus pétalos rosas se abren con la delicadeza de la niebla sobre mi vida. Tu cáliz es tierno, liso; se puede tocar tu mirada inocente a través de él. Y tu perfume en la hondura... me recuerda la voz de un ángel, al cual persigo entre silenciosas praderas.

De tu piel a mi piel camina la verdad.

Cuando la fría vida te arrebate los pétalos también estaré a tu lado, aprendiendo de tu entrega, haciéndose fruto.
 
*
 
Prosa poética y foto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

sábado, 21 de noviembre de 2020

Etéreo. El cisne que lee en tu alma. Prosa poética espiritual

 

ETÉREO
 
 
*
Ahí te encuentro, en el rincón más azul de mis sueños.
Danzas, tú, muerte rosa, removiendo el mar de mi alma.
Quiero seguirte, agarrar tu cuello de nubes, sentir la caricia serena de tus plumas como un beso teñido de estrellas nacientes.
Con tu vuelo esmeralda me traes el aroma de los cipreses celestes, y las caracolas cristalinas de mi alma tintinean, tintinean... Quiero nadar contigo: ¡Oh sí, llévame!
Eres un arpegio de lotos brotando del agua, cisne inmortal...
Contigo canta la suave pureza de la calma y el amor asombroso gira en las ondas de colores diluyendo todo el dolor de la vida...
Nadas en mi lago inmaculado entre montañas, por el que miro a Dios.
Eres un recuerdo que silba remoto, la belleza nadando entre mis lágrimas...
Pero al despertar desapareces, dejando en mi confusa mente estas palabras:

"Ahora no, pequeña. No es tu momento."
 
***

Para Inocencia, cuyo momento de gloria ya llegó.

*

Prosa poética y fotografía: Maite Sánchez Romero (Volarela)

lunes, 16 de noviembre de 2020

Idilio imposible (breve cuento fantástico de amor)

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Hada del bosque


 

IDILIO IMPOSIBLE

 

 Se giró. Oliverio estaba allí, recogiendo setas.
 Pero no la veía.
 El árbol también se giró, e hizo ademán de seguirla, pero ella le dijo que guardara su silencio acostumbrado.
 Silbó en azul intenso, intentando imitar el cielo de aquella mañana.   Oliverio se detuvo un instante y cerró los ojos, mientras escuchaba el repentino canto de un pájaro maravilloso.
 Ella dejó escapar un suspiro al mirar sus brazos.
 Él notó una mariposa posarse en su piel.
 Un gamo de ojos de lumbre apareció entre las sombras y le miró  fijamente. Él intentó acariciarlo, pero huyó. Ella arregló sus cabellos tras la huida. Y guardó en sus pupilas de ámbar la mirada de él, tierna como el musgo que recibe el rocío.
 Oliverio tanteó una gran seta bajo un arbusto. Le pareció que tenía el tacto de un seno de mujer. Entonces gimieron las ramas sobre su cabeza, como si un ejército de alborotadas ardillas saltaran sobre ellas.
 Ella colocó su mano debajo de la de él. Él sintió su bastón blando como una flor de agua.
 Cada vez más estremecido, se acercó al río, en cuya corriente se deslizaba una púrpura hoja desprendida del otoño. La frenó entre sus dedos, y un prolongado beso recorrió todo su cuerpo.
 Se sintió dulcemente enamorado. Extraño; enamorado... ¿del viento?   Pero debía volver antes de la caída del sol.
 Se sintió más viva que nunca; arrebatada; apasionada por un mortal.  Pero debía volver. Y lo sabía. Debía.
 Oliverio acudió al día siguiente. Y al otro. Y al otro. Mas el bosque callaba. Lánguidamente, retrocedía sobre sus pasos, pensando que todo había sido un sueño.

 Mientras, a lo largo de un tronco de secuoya una larga lágrima se deslizaba.

***

Maite Sánchez Romero (Volarela)

sábado, 14 de noviembre de 2020

Somos. Poesía espiritual. "Estas flores son para ti".

 Imagen: D Gómez Hoyos en Flirk: https://www.pinterest.es/pin/294915475601041235/


 

 

 SOMOS

Somos tercos como la ola. Somos vida, paz y muerte.
Somos andrajos de espuma sobre la roca.
Medusas de plata
a la deriva...
Dolor. Entrega.
Impaciencia de rayos que chocan...
o la calma tersa de los prados.

Giran sublimes nuestros cantos de fuego.
Somos libélulas creando cielos.

Y Tú lo sabes...
Te lo estoy contando como una niña de pies rosados.

Porque habitas en nosotros.
Y por nuestros poros rezuma tu amor
como resina de auroras.

 

***

Poema: Maite Sánchez Romero (Volarela). 

De mi libro gratuito " Estas flores son para ti"

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

 

 

 

LAS LLAMAS AZULES
 
 
 Aquella noche miró el cielo sin estrellas, cubierto
por una tenue y lechosa neblina que pendía como una cortina ajada a merced del viento. Su tienda de campaña le protegía de la inmensidad sin voz ni ojos de la naturaleza, que sin embargo parecía observarle y hablarle con labios fríos y mirada salvaje.
 
 Estaba solo. Palpaba la presencia estática del bosque a su alrededor, los pequeños crujidos de algún ratón de campo buscando comida, el lánguido gemido de una cría de cárabo escondida entre las ramas. Su mente comenzó a imaginar la luna oculta por las nubes, como un desolado cuerpo vacío lleno de cicatrices que rejuvenece en toda su mágica divinidad cuando el
sol la mira de frente. Todo era poesía si se miraba con candor. A  todo podía dotar de sentimientos. Los
sentimientos que un ser humano va derrochando al pasar, porque sólo era eso: un sencillo hombre hecho de huesos y experiencias, de sangre y risas, de carne y llanto.
 
 Abrió el paquete de queso y se calentó un vaso de
leche. El suave siseo del gas azul le trajo a la memoria las palabras de su hija pequeña una tarde de invierno, cuando aún vivía, antes de su fatídico accidente: “Papá, las llamas… ¿las llamas respiran?”
“Sí, hija. Todo está vivo, por eso el fuego respira, y quema, y duele si lo tocas."
 Y él lo tocó. Tocó y se hundió en el brillante fuego del amor y de la vida; y ahora le dolía la quemadura bajo el rasguido agudo de las nubes errantes.
 
 Estaba desamparado ante la fuerza de sus propios
sentimientos, y, como una hoja en la corriente fragorosa, se sentía arrastrar, inerme, hacia un mar profundo de recuerdos azules.
 
 Cerró el hornillo y se preparó el café. Los sonidos
de la bolsa de cubiertos o de su cuchillo cortando el pan, ponían de manifiesto su gran soledad. Un grillo comenzó a grabar en la tablilla de la noche sus tímidos
puntos suspensivos. Miró de nuevo al cielo. Una lejana estrella se abría paso entre el vaporoso velo de nubes.   
 
Era una casi imperceptible estrella que, antes de borrarse del todo, dejó caer en la inmensidad nubosa  un rastro luminoso de palabras:
“Papá ¿las llamas respiran?”
 

***

lunes, 2 de noviembre de 2020

La almohada (Relato breve) Misterio

 Imagen: https://www.etsy.com/es/shop/AnitaInverarity?ref=nla_listing_details


 

LA ALMOHADA

 

No era normal. Yo lo veía extrañísimo. Un bulto blanco en mitad de la carretera.
Paré, bajé de mi moto y comprobé que era una almohada. La coloqué en el arcén. Pero al tocarla mi mano se hizo blanda y ligera, como de plumas. Era muy extraño. Después apareció en mis dedos una gota de agua, y tuve la absurda y angustiosa sensación de que se trataba de una lágrima. Me agaché, a pesar de mi espanto, y observé la almohada. Estaba sucia y rota.  

  Había sido humillada por las ruedas de los coches. Pero percibí una hondonada pequeña en el centro, como si hubiera quedado grabada para siempre la huella de la cabeza de su propietario. Al poco tiempo, oí claramente el sonido de un llanto. 

Me estremecí. Quise irme de allí, pero algo me retenía. Comencé a percibir un intenso olor a velas, vívidos lamentos, repetitivos rezos... Por unos instantes, mi mente quedó atrapada en aquella densa tristeza. Miré a mi alrededor. Una brisa muy suave movía los árboles. Y anochecía. Respetuosamente y muy despacio, llevé la almohada a un lugar oculto entre los pinos. Me arrodillé. No sé por qué. Entonces un extraño pájaro comenzó su canto. Luego, otro le respondió. En muy poco tiempo todo el bosque resonaba con sus cantos.

  Eran trinos desconocidos, con un tono tan agudo, sublime y melodioso como jamás hubiera imaginado. Sentí una enorme sensación de bienestar recorrer mi cuerpo; como si un arco iris tuviera dedos y los pusiera como una madre sobre mis ojos. Casi tuve el impulso de dormirme allí mismo, como abrazada por la vida, en ese estado de perfecto y blando recogimiento. Pero me levanté a la fuerza y dirigí mis pasos hacia mi moto para seguir mi viaje.
Para mi sorpresa vi, sobre el sillín, un niño pequeño que me contemplaba con los ojos muy abiertos, intensamente azules como dos lirios.
  Comenzó a sonreírme con la belleza de las nubes aterciopeladas del atardecer.    Comprendí que era el propietario de la almohada. En un instante fugaz vi cómo ascendía envuelto en un manto púrpura para perderse en los secretos aires del infinito.

***

Texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

Imagen:  AnitaInventary. Etsy.com