Cuentos bajo la almohada: 2016

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domingo, 11 de diciembre de 2016

Polop y Gabriel Miró (Alicante)



POLOP DE LA MARINA Y GABRIEL MIRÓ

Hace muy poco estuve de nuevo en Polop de la Marina. Es un pueblecito precioso, situado en lo alto de una colina. Está muy cerca de Benidorm, pero en la zona interior de la comarca, rodeado de montañas. Siempre me ha gustado. Es bucólico, encantador, como de juguete; pero un juguete... de ángeles.





Tiene una torre campanario que mira con asombro a todo el valle, y un calvario que termina en un cementerio, ya en desuso, situado en lo que fue un antiguo castillo. Ahora sólo quedan algunos vestigios de las murallas y restos de este camposanto. 





Allí percibes un ambiente que invita al recogimiento, completamente apacible, desde el que se contempla el monte Ponoig (el “León dormido” de Gabriel Miró) como un verdadero rey espiritual cuidando de sus dominios. 


                           A la izquierda, en diálogo con la rama de pino, el monte "Ponoig", ponunciado "Ponoch", que tiene la forma de un león sentado sobre sus cuatro patas y en vigilancia.


Todo este paisaje, tan amado para mí, me llena de lilas, de emociones calladas, de algo indefinible que se me cuela en el alma y me hace temblar de ternura. 







                                                                         El soberbio monte Ponoig al fondo


Sentí mucha emoción al pasear por sus calles, algunas con delicadas casas Art Decó abriendo sus luminosos ojos con cortinas al paseante... 







y otras  introvertidas y recias, pero de interior cálido, como las gentes del campo. 









Pero la casa que me lanzó de lleno a otro universo fue la de Gabriel Miró. Quizá por lo mucho que lo admiro, quizá porque su ángel, guardián de las letras, aún revolotea por allí...





Este escritor describe como nadie las tierras, gentes y naturaleza de la Marina Baixa (así se llama esta comarca). Su casa es ahora museo, y entrar en ella me llenó de delicia. Estaba muy bien restaurada, con muebles bellos, encerados, cuidados; paredes y techos pintados, y suelos de baldosas muy originales, al estilo de principios del siglo XX. 




Me quedé encandilada; sentí poesía en la luz, belleza en cada detalle de aquel hogar, intimidad reposada en los objetos. Parecía que aún estaba allí el poeta, mirando por la ventana las montañas; escribiendo con su pluma, maravillosa como un cálido viento de levante, las sensaciones del olor a monte, el nido de un águila o el estallido del agua fresca en las manos. Me emocioné. Era mi amor al paisaje, y mi amor al escritor de este paisaje, lo que retemblaba en mí. 






También me estremecía la vida que sentía en aquellas estancias. Sí, vida. Porque algo mantenía el alma de aquella casa, como si el tiempo se hubiera detenido en ella. Y podías imaginar al escritor y su familia riendo o compartiendo una velada; o escribiendo... o colocando un libro en un estante mientras la lluvia golpea los cristales ...









La luz, el silencio, la claridad, la discreta elegancia...; la armonía y el amor a los detalles... Todo me sumía en una plácida y sugestiva ola de belleza.












 

 Sonaba una delicadísima música de piano. Era el empuje sobrehumano que yo necesitaba para transportarme al corazón de una rosa nunca marchita, fresca y sosegada: las palabras de mi admirado Gabriel Miró. Su alma recreándose y recreándonos en la belleza peculiar y profunda de los seres y el paisaje. 

"Un manso ruido de aire que aletea entre las mieses ya granadas. Una respiración del verano, de árboles tiernos que están junto a las aguas vivas. 
Sigüenza dejó que su jumento paciese el verde de una acequia, y él se recostó en el tronco de un algarrobo.
Pasó un labriego con su azada de sol, y, mirando al forastero, le dijo:
-¡A la sombra, a la sombra!- Y en la boca seca de ese hombre, enjuto y acortezado, la palabra sombra tuvo una frescura nueva, como si acabase de crearla."

Fragmento de "Años y leguas"

 “Años y leguas”, considerada una de sus mejores obras, es un libro maravilloso para disfrutar la palabra perfecta, pulida y llena de resonancias; la palabra que pesa como una uva al máximo de su esplendor. Es el libro del paisaje mediterráneo, de Polop y toda la comarca. El pueblo entero le honra ahora colocando fotos y frases suyas en el viejo cementerio, llamado por él “Huerto de cruces”. Y antiguamente, le regaló la bella hornacina con un Cristo que puede verse en la foto superior. 





Salí de aquella casa encantada y con los ojos un poco mironianos... 
Y al poner los pies en la calle, respiré un aire añejo de vida rural. Olí el humo de las chimeneas, sobrio y evocador, como esas cosas sencillas que se nos agarran al alma:  las voces de los niños en la calle, la campana de bronce llamando a la oración, la cal desconchada, las flores en la puerta, los ladridos de los perros... 





Al subir la cuesta del “Vía Crucis” noté un silencio especial. Había allí una anciana que subía muy despacio, concentradamente, casi meditativamente. Me hacía pensar en la densa espiritualidad de los cipreses, que estando quietos parece que ascienden.






Miraba las imágenes colocadas a lo largo del trayecto, recordando los momentos más duros de la vida de Jesús, y mi paso se hacía más lento, más respetuoso, más agradecido por estar allí junto a un cielo tan azul y limpio que parecía que miraras directamente a la libertad. El Ponoig, monte soberbio y dueño real de estos parajes, se mostraba siempre en paternal reposo, como un león que dormita y deja que sus cachorrillos se le suban encima. 

Todo este recorrido por el paisaje, el pueblo, el alma y el arte de Polop lo resumiría en una sóla palabra: comunión. Comprendo aquel enamoramiento del escritor poeta. En un lugar tan dulce es fácil abrazarse a la paz.




Fotos y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

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Joya entre joyas: Libro iluminado " El salterio de Copenhague". S. XII


Este es uno de los libros más hermosos que podremos contemplar en nuestra historia del arte: arte del libro, arte de la ilustración, y arte de la caligrafía. 
Os dejo esta espectacular entrada de Cesar Ojeda para que os solacéis en la grandeza de las pequeñas cosas hechas con amor. 

***

EL SALTERIO DE COPENHAGUE


Los Salterios o Libros de Salmos forman parte del Antiguo Testamento y se incluyen entre los Libros Sapienciales. En general se considera que son 150 salmos divididos en varias categorías: suplicas, de acción de gracias, didácticos..etc. Forman parte de la liturgia eclesiástica. Encuentran información detallada al respecto en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Salmos


Este Salterio ricamente decorado es una obra maestra del siglo XII europeo. El libro contiene un calendario y una oración además de un número considerable de iniciales ornamentadas y un conjunto de páginas con iluminaciones de la vida de Cristo, incluyendo su nacimiento, crucifixión y resurrección. El manuscrito se ha conservado en Dinamarca y puede haber sido creado por un miembro de la familia real danesa. En pergamino, fechado entre 1175 y 1200.

Algunas imágenes de ejemplo:


Para ver el título de la lámina pase el cursor sobre ella, para ampliar pulse.



8 recto- La anunciacion

15 verso - Cristo en Majestad con los simbolos de los evangelistas

15 recto -El angel y las mujeres en el sepulcro

14 recto -Judas traiciona a Cristo

13 recto -El bautismo de Cristo

12 r- El viaje a Egipto

10 recto -Los magos ante el trono de herodes

9 recto - La anunciacion a los pastores

17 recto- Inicial ornamentada del salmo primero


Pueden acceder a 32 ilustraciones del libro en la Det Kongelike BiblioteK



Poeta de la luz: Alvar Astulez














En estas imágenes de Alvar Astulez, los colores vibran puros, como recién creados del mundo onírico. Su paisaje es poesía: poesía de la quietud. Lirismo penetrando en nuestras retinas y acariciándonos el alma con voz degradada, neblinosa y sutil. Voz que va tiñendo suavemente un sentimiento de oro.

Los paisajes parecen a punto de desvanecerse, como palabras mágicas pronunciadas en la lejanía. Los colores reverberan en nuestra alma con el murmullo quedo de lo imperecedero.

Este arte es pura belleza abierta a la contemplación. Las formas, exquisitamente trabajadas bajo la varita de la luz, componen un mundo hermoso y sereno. Árboles, cielos, caballos, prados... desfilan como protagonizando un encuentro divino con la armonía de la tierra.

Equilibrio, perfección, emoción...:
Caricias para el alma.


Todas las imágenes pertenecen a Alvar Astulez:

sábado, 2 de julio de 2016

Rayo de luna




"La ira de la luna es fría;
cuando llega al agua se transforma en plata."


 No era fácil encontrarle. Durante años perdí la pista a mi amigo; demasiado tiempo para poder conservar su amistad. Por eso mi sorpresa fue grande cuando lo vi, de espaldas a un escaparate de armas de colección. Era indudablemente él: su porte fuerte, su melena espesa y desordenada, su espalda estirada de secuoya, su apostura autoritaria e imponente, su estabilidad de volcán en reposo... Todo ello sólo podía pertenecerle a él.

 Como si intuyera mi presencia, se giró. Una sonrisa franca como un rayo de sol ocupó aquel rostro duro, curtido en una tempestad interior e infranqueable que pocos conocían, y yo, por supuesto, no fui una de los privilegiados que pudieron romper su muralla. Pero siempre conté con su simpatía, extraña por otro lado, pues nos sentíamos atraídos el uno por el otro sin saber por qué. Había algo terrible y hermoso en sus ojos, como un rayo de ira que por momentos se deshiciera en la más suave dulzura de agua para enseguida tomar de nuevo reflejos de espada. Su nobleza y fuerza me atraían, creo que con la misma intensidad que a él le atraía mi fragilidad y mi voz emplumada y aérea.

 Nos dimos un fuerte y casi sonoro abrazo, e inmediatamente continuamos la conversación que años atrás quedó suspendida en nuestros labios. Recuerdo que rondaba en torno a la justicia y el perdón. Él defendía que la justicia era lo más importante, porque sin ella, todo perdón era el fruto de la injusticia, y por tanto, ese perdón era infame y no tenía valor. Yo discutía con él la necesidad previa del perdón para luego aplicar la justicia. Y en estos dilemas estábamos cuando todo el edificio se derrumbó. Él quedó muy herido y desapareció entre escombros, polvo, lágrimas y personal sanitario. Desde entonces, perdí sus huellas y continué mi vida y mi rutina habitual. Pero había un leve vacío en ella. Este amigo se había llevado con él su fuerza, quizá la dureza que yo no tenía y que en algunos momentos necesitaba, como el río necesita las piedras sobre las que deslizarse. Empecé a añorar su inflexibilidad, esa misma contra la que yo luchaba y discutía; también su mirada de montaña al atardecer, sus cuello erguido de cielo que jamás se desploma...
 Juntos, ese día casual de nuestro encuentro, nos sentimos envueltos por un fino y cálido aire de armonía. Se respiraba entre nosotros, y hasta poseía un aroma a vainilla muy dulce que atribuimos al perfumé de aquel café, pero que sin duda era debido a la bella resonancia de nuestras almas.

 Me explicó que en esos años de ausencia había presenciado la crueldad humana en su estado más puro. Participó como espía en Irán, pero fue secuestrado y torturado. No quiso entrar en detalles. Sólo me comunicó que sufrió aún más que cuando fue niño y su abuela lo maltrató. En ese momento, un vacío de nieves negras se desplazó hacia nosotros. Estaba sorprendida y muy afectada:
Había revelado su mayor secreto. Por fin pude comprender la dureza de sus pupilas y el intento de su ser por romper una barrera de odio, que a ramalazos brillaba con la llama de un infierno.

 Me compadecí tanto que no pude disimular mis lágrimas. Él miró hacia la ventana, tratando de poner su mente en otra cosa, con una sonrisa de labios extensos y firmes. Me pareció una hoja rota de otoño, que bajo el agua aún refleja su furiosa belleza. En ese instante, contempló un niño en la calle, que, entre los coches apresurados, vendía pañuelos. Me miró. Y aquella mirada parecía estar colmada de luz de luna en la noche más oscura. Me dijo que tenía que dejarme y que seguramente el destino nos volvería a unir. Entonces, rápidamente, buscó al niño de los pañuelos y le vi alejarse, con la desconcertada criatura.
Sabía que de nuevo, su fuerza había huido de mí...
A cambio, un niño embadurnado de tristeza encontraba un verdadero amigo.


***