Cuentos bajo la almohada: febrero 2021

Ser Simple. Ser sencillo y elemental. Poesía.

SIMPLE "Sé tan simple como puedas ser; te sorprenderá ver lo poco complicada y feliz que tu vida puede ser"  ...

domingo, 28 de febrero de 2021

Nuestra propia música. Reflexiones poéticas y fotos

 

Volarela

 

 NUESTRA PROPIA MÚSICA

 

 No sabemos nada.

 A lo mejor soy de niebla y mañana estoy allá, convertida en una gota de agua, sobre un pensamiento del prado.

 Nada sabemos de nuestro existir... Sentimos punzadas húmedas, inspiraciones.... como pequeños croares en la charca de nuestro sueño.

 Y pasamos por la vida, como la niebla, acariciando las cosas de soslayo; empapando con nuestras vocecillas de nata las hojas de los árboles, conscientes de que un día la noche nos cerrará los ojos, nos llevará de la mano, y nos dará de su pecho lácteo.

 Nos cruzamos... unos con otros (nieblas con nieblas). Los labios neblinosos de nuestros corazones se besan. Y seguimos bulliciosos después, como los torrentes, sin saber hacia dónde nos llevarán estos abrazos de hilo blanco.

 

  Volarela 

  

Avanzamos vaporosos, ufanos, felices..., o lacrimosos y heridos, impregnando nuestra baba de caracol por el cosmos,  sin saber que nuestra cristalina estela va dejando una canción que no oímos... Hasta que un día subimos muy, muy alto, y alguien nos dice que escuchemos con atención nuestro propia música: todo lo que fuimos; todo lo que hicimos; todo lo que dejamos.

  Y sonará a campanillas de nieve, o a bocinazos de bus, o a trombones de oro, o a violines rotos, o a cencerros grises, o a platillos amarillos, o a flautas de agua, o a rebuznos mágicos, o a una orquesta completa...

  Y nos asombraremos de las innumerables ondas que fueron dejando nuestro pasos ciegos por la niebla. 

 

***

 

Fotografías y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

Fotos del Pirineo (España), en días neblinosos

 

   

 


miércoles, 24 de febrero de 2021

Semblanza (para este jueves un relato)



Volarelita

 

Un poco de mí, en forma poética, para la propuesta de hablar de nosotros. En el blog de Dorotea,
encontraréis otros compañeros hablando de sí mismos.



SEMBLANZA

 

Yo nací para encenderme

a cada golpe de brisa,

para recoger cada lamento,

tenderlo, orearlo, sembrarlo

en un campo de lavandas.


Nací burbuja de dudas,

casi ciega de preguntas,

y con un ramillete de flores robadas

a tres pacíficos brezales

del más allá.


Dos coletas y dos ansias

rosas por ojos,

quise saltar desde cada árbol,

ponerle una canción

a cada rostro.

 

Cuando mis piernas se vistieron de adultas,

terminadas y erectas,

y bien cubiertas de tablas de multiplicar,

de ríos de papel y de brumosos paraísos,

partieron a averiguar el enigma de su carne,

el porqué y el hacia de sus pasos;

la incógnita porosa del mundo.


Y cuando sumergí mis ojos en el lago

del azul más turquesa que encontré,

la pregunta cayó por si sola:

¿Quién soy?

Desde lo profundo podía oírse:


“Con tus lunares y tus globos,

tus suites lunáticas en los pies,

eres una ficha más del gran Juego.

Una ficha grabada en las pupilas del cosmos,

escriba del viento,

una ficha de nervios, tormentosa, blanda...

con sangre de mareas,

diseñada para amar."




martes, 16 de febrero de 2021

A qué suena el silencio... (meditación en prosa poética)

 

                                                                                               Pintura: Sorolla

 

EL SONIDO DEL SILENCIO


El silencio ¿a qué suena?

La montaña parece preguntármelo mientras los pinos dialogan con la brisa.

El silencio tiene el sonido de las orugas replegadas en sus capullos. Suena al calor tibio de las manos enlazadas una noche de tormenta. A veces canta una elegía verde y solemne, como el mar en aquella fotografía del estante…

El silencio tiene el sonido de la lluvia detenida en la mejilla, escurriéndose por la comisura de la boca, la cual quiere hablar… pero calla, porque la armonía le ha besado los labios.

El silencio es un clamor de huellas de cisne sobre la nieve…

El silencio huele a pelo de niño y tiembla como una tela de araña en el viento…

Hoy el silencio lleva el aroma inmaculado de las flores del almendro.

Reposo entre sus troncos curtidos y pausados, y comprendo por qué la savia no hace ningún ruido en su ascendente caricia; y por qué los pájaros se aman en silencio. 

 

*** 

 

Prosa poética de Maite Sánchez Romero (Volarela)


miércoles, 10 de febrero de 2021

La ninfa en el muro

 


 

 Hoy nos propone Mónica realizar un texto a partir de palabras al azar, eligiendo aquellas que nos sugieran algo. 

 He elegido "Ninfa en los muros", (en este caso, la palabra "ninfa" tiene el significado de insecto)

 En el blog de nuestra compañera Mónica encontraréis las demás participaciones: 

https://neogeminis.blogspot.com/


 

                                      

                                            LA NINFA EN EL MURO

 

 Desde el orificio subterráneo contempló el vuelo de un grupo de efímeras en su ritual de cortejo. Batían el aire con sólo un fin; amarse y morir. Antes habían sido ninfas engendradas en la tibieza del agua. Fueron obedeciendo las reglas de la vida y mudaron su piel una y otra vez hasta llegar a un cielo ignoto y placentero.

  A Micaela se le ofrecía la escena como un flautín haciendo tirabuzones en sus lágrimas. Pensaba en sus efímeros quince años; y en su inminente muerte, a dentelladas de fuego en la hoguera, que para ella preparaban ya las tristes y deformes almas que la llamaban bruja.

 Imaginaba el fuego iracundo llegando hacia ella con ansia de flores nuevas: su piel, entregada y traicionada,  y todo lo que habían dado sus manos, curando a la gente. Llevaba estremecida muchas horas, sudaba la furia de aquellos hombres. Escuchó el hálito curioso de un perro que merodeaba cerca, y luego, el estridente raspado en el cielo de un gallo afónico. Imaginaba afuera la mano tierna y diligente que amasaba un pan, o cómo crujirían alocadas y bulliciosas las hojas secas bajo las patas sin sonido de un gato malhumorado. Cuando te van a matar, la vida cobra dimensiones gigantescas y te salpica más y más con sus mares de belleza. Pensó en el don extraordinario que se le había concedido al nacer: sólo observando obtenía el secreto oculto de cada ser, el intricado laberinto que le daba sentido y lo hacía posible; por ello pudo aprender rápidamente el arte de sanar hasta ser la niña de todos y para todos. Sin embargo, era incapaz de comprender el porqué de ese odio atroz que la lanzaba a las llamas.

  Descubrió frente a ella, en el ennegrecido y húmedo muro, una ninfa de efímera. Sin darse cuenta, le decía: ¿Qué haces ahí todavía?, ¿tienes miedo?, ¿por qué no vuelas ya como las otras?

 La sentía vulnerable, diminuta, fragilísima, exactamente igual que ella, atrapada y sola en una fría pared, a merced de los brazos del terror.

 Ya salían los primeros rayos solares. Pronto vendrían a por ella.

 No encuentro mi poder, se decía. Estoy abandonada. No. Concéntrate. Piensa. Observa… Pero la luz me distrae, quiero gritar; no comprendo el porqué de todo esto. No importa. Ese porqué no te pertenece. Vuelve a tu mundo ¡ya!, se escuchaba decirse... 

  Afuera, un labrador pasaba, cantando una vieja tonada popular. La vida me abandona (seguía pensando en su lucha interior). Concéntrate; se volvía a decir a sí misma, como las efímeras lo están, sólo centradas en su vuelo. Sentía un frío extremo para poder pensar. Pero con el esfuerzo que sólo la desesperación regala, empezó a sentirse alienada con su verdadero propósito. Miraba la ninfa como un dibujo sobre la pared, repleto de símbolos. Concéntrate. No. Duele. No importa. Más. Qué dolor… Tú sabes que es así (se hablaba casi dándose órdenes). ¡Sigue, sigue, es la ley…!

  Estaba creciendo tanto por dentro que pensaba que iba a estallar. Gritó desde las entrañas, como gritaría la madre tierra al parir la primera célula que dio origen a toda la evolución… Y luego, la paz tomó la forma de su verdadero cuerpo. Cesó todo el dolor. Se parió a sí misma. Y volaba...

  Cuando llegaron los carceleros encontraron el cuerpo semitraslúcido de una hermosa muchacha, completamente vacío por dentro. Y a sus pies, la cáscara de una pequeña ninfa de río.   Sin duda, pensaron los hombres, es una bruja. Una bruja extraordinaria. 

 


 

domingo, 7 de febrero de 2021

Brasa y niña (poesía de amor)

 

 
 
· ·
 

Para ti, mi dulce amor

 

 

BRASA Y NIÑA 



Mis pasos hundidos en tu corazón como árboles de fuego,

te dicen...:

Te amo.

Y tu aliento,

rizando el lago de mi alma,

se hace eco:

"Te amo, te amo..."

 

El roce de tus manos inunda de flores mis caderas extasiadas,

y hacia el fondo de tus ojos yo me abismo

con una exhalación de mares...

 

Me ardes en las lágrimas internas;

me arde tu crepúsculo entregado,

mientras cabalgamos,

en un caballo de soles derretidos.

.


Mañana, envuelta en claridades, 

sobre mis tiernas cenizas de luz,

abriré los ojos,

y aparecerás...

con un fresco ramillete

de risas amarillas.

Y me harás niña, amor...

Niña riente,

pura y feliz como un arroyo,

entregándote

el dulce otoño de mi boca.


*

 

Poesía: Maite Sánchez Romero (Volarela)



Siciliana, Gabriel Faure

miércoles, 3 de febrero de 2021

Quimera. Este jueves un relato

 Quimera: Monstruo fabuloso que se representa con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón.

Texto inspirado en la idea de un ser fantástico o mitológico, ofrecida por nuestra compañera Mâg

                                                    

                                          UNA QUIMERA

 

  M. José pensaba que tenía un nombre demasiado común para lo que ella era. Le hubiera gustado más Naunet, Maat, o Nuit, pero se conformaba; así también con su rostro de escoba gastada, sus manos encallecidas y su imaginación capaz de transformar lo vulgar en jade.

  Se tocó la tripita. Sonrió con destellos solares en los dientes. Entonces notó un río inquieto que llamaba por la puerta inferior de su cuerpo. Lo dejó salir. En el hospital dijeron que aquel niño parecía más un cachorro de león que un bebé, peludo, peleón y rugidor como una noche de truenos. Mª José, con el corazón más tierno que una col de bruselas hervida en vino, se lo llevó dando gritillos de felicidad. Todos los días le afeitaba la carita para que no hablaran mal de él. A los tres años, al empezar la escuela, le brotó una cola encantadora de dragón. Pero la madre era consciente de que su gusto no era compartido, y hacía cuando podía por ocultarla bajo el pantalón, aunque a veces se escapara, sacándole la lengua a los niños más crueles. A los cuatro comenzaron a canviarle las uñas por pezuñas y su espalda buscaba con insistencia la curva cuadrúpeda. La feliz M.ª josé vio en su niño la más hermosa quimera imaginable, y llegó a la conclusión, que siendo ella virgen, su muchacho sólo podía haber sido el fruto de su platónico y quimérico amor con el dios Orus, al cúal le rindió su cándido corazón desde niña.

 Cuando al fin el pequeño caminaba a cuatro patas, lo disfrazó de extraño perro con carita de león, abrigado con un chalequito de lana, por lo que nadie notó nada cuando lo sacaba a pasear. Para sus ojos de obsidiana seguía siendo el niño más bello que había visto. Sin jamás pretenderlo, M.ª José, se fue ganando la animadversión del barrio; aquella rara mujer y su perro (con el agravante de la sospecha de haberse desecho del hijo) cada día era más despreciada, hasta el punto de que alguien colocó veneno en el trayecto que solían seguir aquellas patitas semihumanas junto a las de su diosa. Y cuando la mujer vió agonizar a su pequeño ser, decidió despedirse de todos. Guardó en una cajita que llevaba el ojo de Orus estampado, su mayor secreto: la criatura, tras cada comida, había estado excretando bolas de oro puro. Con él había transformado su chabola en palacio, pero eso no lo vieron hasta encontrar los cuerpos yacentes en el interior de una hermosísima y riquísima estancia en la que ambos semejaban verdaderos faraones embalsamados. Sobre la caja con los tesoros había un cartel bellamente escrito en papiro egipcio: “Dónese a los más pobres de este triste mundo”.

  Y así fue cómo apareció en mi buzón aquella maravillosa bolita dorada que parece el excremento de una cabra. Y si se mira bien, tiene hasta un mágico escarabajo incrustado. 

                                                                                 ***