Cuentos bajo la almohada: La ninfa en el muro

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miércoles, 10 de febrero de 2021

La ninfa en el muro

 


 

 Hoy nos propone Mónica realizar un texto a partir de palabras al azar, eligiendo aquellas que nos sugieran algo. 

 He elegido "Ninfa en los muros", (en este caso, la palabra "ninfa" tiene el significado de insecto)

 En el blog de nuestra compañera Mónica encontraréis las demás participaciones: 

https://neogeminis.blogspot.com/


 

                                      

                                            LA NINFA EN EL MURO

 

 Desde el orificio subterráneo contempló el vuelo de un grupo de efímeras en su ritual de cortejo. Batían el aire con sólo un fin; amarse y morir. Antes habían sido ninfas engendradas en la tibieza del agua. Fueron obedeciendo las reglas de la vida y mudaron su piel una y otra vez hasta llegar a un cielo ignoto y placentero.

  A Micaela se le ofrecía la escena como un flautín haciendo tirabuzones en sus lágrimas. Pensaba en sus efímeros quince años; y en su inminente muerte, a dentelladas de fuego en la hoguera, que para ella preparaban ya las tristes y deformes almas que la llamaban bruja.

 Imaginaba el fuego iracundo llegando hacia ella con ansia de flores nuevas: su piel, entregada y traicionada,  y todo lo que habían dado sus manos, curando a la gente. Llevaba estremecida muchas horas, sudaba la furia de aquellos hombres. Escuchó el hálito curioso de un perro que merodeaba cerca, y luego, el estridente raspado en el cielo de un gallo afónico. Imaginaba afuera la mano tierna y diligente que amasaba un pan, o cómo crujirían alocadas y bulliciosas las hojas secas bajo las patas sin sonido de un gato malhumorado. Cuando te van a matar, la vida cobra dimensiones gigantescas y te salpica más y más con sus mares de belleza. Pensó en el don extraordinario que se le había concedido al nacer: sólo observando obtenía el secreto oculto de cada ser, el intricado laberinto que le daba sentido y lo hacía posible; por ello pudo aprender rápidamente el arte de sanar hasta ser la niña de todos y para todos. Sin embargo, era incapaz de comprender el porqué de ese odio atroz que la lanzaba a las llamas.

  Descubrió frente a ella, en el ennegrecido y húmedo muro, una ninfa de efímera. Sin darse cuenta, le decía: ¿Qué haces ahí todavía?, ¿tienes miedo?, ¿por qué no vuelas ya como las otras?

 La sentía vulnerable, diminuta, fragilísima, exactamente igual que ella, atrapada y sola en una fría pared, a merced de los brazos del terror.

 Ya salían los primeros rayos solares. Pronto vendrían a por ella.

 No encuentro mi poder, se decía. Estoy abandonada. No. Concéntrate. Piensa. Observa… Pero la luz me distrae, quiero gritar; no comprendo el porqué de todo esto. No importa. Ese porqué no te pertenece. Vuelve a tu mundo ¡ya!, se escuchaba decirse... 

  Afuera, un labrador pasaba, cantando una vieja tonada popular. La vida me abandona (seguía pensando en su lucha interior). Concéntrate; se volvía a decir a sí misma, como las efímeras lo están, sólo centradas en su vuelo. Sentía un frío extremo para poder pensar. Pero con el esfuerzo que sólo la desesperación regala, empezó a sentirse alienada con su verdadero propósito. Miraba la ninfa como un dibujo sobre la pared, repleto de símbolos. Concéntrate. No. Duele. No importa. Más. Qué dolor… Tú sabes que es así (se hablaba casi dándose órdenes). ¡Sigue, sigue, es la ley…!

  Estaba creciendo tanto por dentro que pensaba que iba a estallar. Gritó desde las entrañas, como gritaría la madre tierra al parir la primera célula que dio origen a toda la evolución… Y luego, la paz tomó la forma de su verdadero cuerpo. Cesó todo el dolor. Se parió a sí misma. Y volaba...

  Cuando llegaron los carceleros encontraron el cuerpo semitraslúcido de una hermosa muchacha, completamente vacío por dentro. Y a sus pies, la cáscara de una pequeña ninfa de río.   Sin duda, pensaron los hombres, es una bruja. Una bruja extraordinaria.