Cuentos bajo la almohada: Un fuego en noviembre (Mini relato)

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domingo, 21 de febrero de 2021

Un fuego en noviembre (Mini relato)

 

                                   Imagen: https://www.pinterest.com.mx/pin/363454632409636666/

 

 

 

 UN FUEGO EN NOVIEMBRE

 

 "Como un autillo sobre un abedul miro el horizonte.
El vencejo de mi ruego se golpea contra los cristales rojos del otoño.

  Contemplo aquellos niños en el caminito viejo. Cantan canciones olvidadas. Ellos son flores que abren su perfume en la tarde; luego se alejan, con sus burbujas de luz, hacia la tibieza de un hogar que los acoge... Un gato los sigue mientras los cipreses diluyen suavemente su verdor en la noche.

  Allá, en aquella casa, parece que escucho, muy quedamente, una guitarra. Se desprenden de sus cuerdas notas cárdenas, a veces dulces, a veces heridas... Nadie sabe adónde irán a parar... Como nuestros pasos, siguen cauces impredecibles. Ahora, aúlla un perro; y su lamento se pierde entre la humedad de los castaños.

  A veces, sólo quisiera olvidar. Ser efímero y olvidadizo como la niebla que tararea sobre los prados. Rozar con mis dedos el agua verdosa que no espera nada...

  Noviembre fue el mes en que ella desapareció. Siempre, cada año, con la caída de las últimas hojas, caigo yo también.

 
Hay tumbas donde yace el olvido de uno mismo, pero es mejor no mirarlas."

   Abelino escribía estas melancólicas letras en un cuaderno lleno de tachones y manchas de tinta. La vela se había apagado. La negrura silenciosa de la estancia era muy grande, tanto como su tristeza holgada y cruel. En ese instante, una voz similar a la de su abuela muerta, resonó en su interior varias veces. No hizo mucho caso; estaba acostumbrada a oír voces. Pero ésta la atosigaba, revoloteando como una mosca insistente:

   "Sal afuera. Sal. Corre, corre... Sal. Fuera. Sal. Ahora. Ya. ¡Sal!"

  Al salir bruscamente, un manotazo inconsciente lanzó el papel escrito hacia las ascuas de la chimenea.

  En el porche no había nada. Miró al cielo. El parpadeo de una estrella fugaz se hundió en la ceguedad de la tierra; las flautas de los autillos escalaban la noche. Poco después, contempló una confusa silueta, cojeando en la penumbra del camino.
Ante él, una mujer con largo pelo de sauce y ropas raídas, acababa de presentarse.
  Era su hija, desaparecida hace 10 años. 

  Sintió a lo lejos olor a humo, mientras estrellas muertas revivían a fogonazos por sus ojos.

 

Y yo, el fuego que tragó aquellas palabras en el papel, y que contemplé el prodigio de un encuentro inesperado,  voy contando este tipo de historias (y muchas más) en el locuaz chisporroteo de mis llamas, cada vez que las personas se recogen, hambrientas de calor, a mi vera.

 


                                              Sauce llorón en otoño

 Otras historias sobre Noviembre en el blog de Molí: http://molidelcanyer.blogspot.com/

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