Cuentos bajo la almohada: julio 2021

viernes, 30 de julio de 2021

El trino que amanece (Estampa de amanecer)

                    



                                                    EL TRINO QUE AMANECE


  Mi sueño fue recogido por los ángeles de la noche y lo transformaron en una mariposa. La he visto alejarse con mi vida en sus alas.

  Y yo he despertado como un pollo abriendo el cascarón. 
Inspiro la paz vertical de un eucalipto. Mi respiración tiene color de amanecer. Expiro una palabra pronunciada por el sol.

  Un viento rasguea la grama con música de conchas. Tambores a lo lejos: son los caballos, levantando el polvo del futuro.
La niebla busca el corazón de los pájaros, y la tierra sonríe con sus suaves lombrices. Mi pulso escapa hacia el pentagrama de flores del nuevo día. ¡Oh, esta música...! ¿Cómo es posible?

  Me alzo desnuda bajo un cielo de trinos naranjas. Y una fina lluvia de pétalos solares se derrama desde las nubes hasta envolver mi piel con la pasión purísima de las rosas.

 Amanece; ha concebido el cielo su milagro. Y milagrosamente, también yo he amanecido. Me arrodillo. La luz señala entre la hierba un caracol de oro; trepa por mi dedo como un tirabuzón húmedo... Mueve sus cuernecillos tanteando mi existencia... Lo miro. Y siento que algo inmensamente dulce, desde el azul recién pintado del cielo, me contempla a mí... Y acaricia con sus nubes eternas mi garganta... 

 Y canto, junto a un coro universal, el trino que amanece a la vez en todos los tiempos.


 

 
Pintura: Montserrat Gudiol Corominas
 
 
 
  
  TÚ y la palabra
 

 

Existió un día en que la palabra fuiste tú.

El mundo entero desembocó en tus ojos;

se derramó en tus labios.



Incendiaste la palabra.

Tu sola presencia era un astro

completo,

absoluto,

inabarcable,

profundo...

absorbiendo cada letra de mi vida.



Existió un día

en que estallaron todas las palabras,

y el silencio tomó la sublime forma

de tu abrazo.

 

*

Un instante...

                                                      Pintura: John Brett. 1858



 INSTANTE


La luna a mi lado, posada en mi hombro con aroma a quietud.

El sol a mi lado. 

El horizonte cuelga de mi pelo y se deshoja...

Mares y montañas a mi lado, observando la plenitud del instante que resbala como agua pura entre mis dedos.


***

La dulce mujer peluda (Doble yo para este jueves)

 




  Aun la recuerdo con su vestido de lunares, irradiando encanto a dos kilómetros a la redonda. Me miraba bajando sus gafas de corazones y parecía entrar por mi cerebro y deslizarse por todo mi cuerpo con una caricia descendente y profunda. Reconozco que era plena seducción; más alegre que cien cascabeles en una cometa; más suave que un conejillo entre las manos: absolutamente fascinadora. Caí en sus redes como un pollo cae a la olla.

  Primero fueron los pelos negros en las sábanas, la mañana siguiente a la luna de miel. Luego aparecían sobre el suelo, en la cómoda, en la bañera o en el lavabo, extrañas huellas múltiples de barro, a veces con pequeñas hierbecillas pegadas. También llegué a ver esparcidos restos de patas minúsculas, alas, ojos de mosca... ¡por todas partes, hasta en el vaso de enjuagarme los dientes! Y finalmente, en un sueño, créanme, la vi a ella. Era peluda, gigantesca, con unos colmillos segregando jugos sobre mi cara descompuesta por el terror. Yo estaba atrapado en una malla de seda, sin poder moverme. Desperté, completamente paralizado, con ella encima. Y juro que no era una mujer sino una tarántula lo que me acariciaba el brazo con su pataza peluda diciéndome: “Amor mío, despierta, tengo mucha hambre y hay que desayunar…” Aquel día fuimos juntos a la playa, comimos en un restaurante, tomamos el sol en la piscina del hotel… Increíble que  nadie más viera su verdadera forma, monstruosa, con su espantoso vientre hinchado, y esos móviles palpos junto a mí diciéndome palabras dulzonas... Era cuestión de tiempo que me devorase.

  Reconozco que fui yo quien la maté. No hace mucho, atenazado por el pavor a morir, compré el insecticida más potente del mercado, y en un descuido suyo, la rocié toda… Díganme: si hubiera sido locura mía, no habría muerto sólo con un poco de veneno para bichos... Tuve que hacerlo. Y estoy tranquilo. Investigando en su pasado descubrí que había matado a tres multimillonarios en seis años. Era, en efecto, una verdadera viuda negra. 


*

Más aportes sobre "Alter ego" aquí: Mag


miércoles, 7 de julio de 2021

El caso del vaso vacío. Relato detectivesco para "Este jueves..."

 


Nuestra hada inspiradora Campirela, nos propone este jueves jugar a detectives, a lo Sherlock Holmes.

En su blog podréis encontrar más casos detectivescos:  http://campivampi.blogspot.com 


EL CASO DEL VASO VACÍO

 Sergio Plómez miró el vaso sobre la mesa de la terraza. Estaba vacío. Completamente. Pero ayer estaba lleno... Sacó su lupa. En el borde había algo translúcido adherido. Era una baba  seca. Pensó en los caracoles de su jardín que a veces aparecían todos en grupo pegaditos a la pared. No, ellos no podían haber sido, porque habrían dejado un rastro por todo el vaso. Meditó largas horas sobre dónde habría ido a parar el líquido que contenía.  ¿Se lo habría  bebido el  sol con su pajita de rayos? Las pistas indicaban la resistencia del vaso a unos dedos. Había huellas de lucha por todo él. Sí, y no eran en absoluto las huellas de un perro, ni por supuesto las de un cocodrilo... Despúes de cinco duras horas de investigación, el enigma se complicaba más aún debido a la presencia de un pelo en el fondo del vaso. Umm, pensó. Era blanco... No, no, la luna no deja pelos, se decía... Y el Yeti no vive en esta latitud... Eliminó al pelo como sospechoso; bien podía haber caído de algún piloto jubilado disfrutando de su aeroplano.

Una mosca azul se acababa de posar en el borde del cristal para limpiarse concienzudamente las patas. El sol restallaba con escándalo en el vídrio. La mente de Plómez viajaba, saltaba, trepidantemente, inspiradísima: "brillos, líquido, encuentro; encuentro, brillos, líquido.."

Tras quince horas de tenaz concentración en las tres bailarinas palabras, gritó: "¡El vaso es el asesino!" Y apuntó raudo en su cuaderno: 

"Crimen pasional: vaso enamorado de agua; agua ofrecida a cualquiera con sed. Vaso quiere hacerla suya, y de nadie más; se la bebe hasta hacerla desaparecer.

 Pruebas: el agua pasó su última noche con el vaso; hay tres gotas en el fondo. También huellas de pájaro intentando salvarla en el cristal."

 El genial, pero sumamente olvidadizo detective, se marchó a dar parte a la policía, eufórico por haber resuelto el caso del vaso de agua bebido por él mismo la noche anterior.