Cuentos bajo la almohada: 2022

LIBROS

  Mis libros en papel y kindle:     https://www.amazon.com/author/maitesnchez                                                       ...

sábado, 14 de mayo de 2022

La gaviota (relato breve)

 

                      


                           LA GAVIOTA

 

  Bajo sus párpados cerrados todas las heridas sangraban; se sentía líquido vertido al mar, supurando por cada poro de su piel; completamente deshecho; flotando, a merced de una inmensa voluntad de agua. Su pequeño velero fue despedazado en la tormenta más salvaje que la mar hubiera improvisado para ningún mortal. Aferrado a un trozo de plástico como una lapa de carne y hueso aterrorizado, despertó de su inconsciencia y miró al cielo, y luego a su alrededor...

  La palabra que golpeó su mente fue: negrura. La noche se bebía su corazón: Densamente, espesamente, absolutamente. Gotas negras golpeando su piel. Noche rayando sus labios ateridos. Frío. Nada. Soledad despiadada para esa mota de apenas sesenta kilos de voluntad sobre una masa móvil e infinita de agua negra, sin voluntad conocida.

  Qué podía hacer sino rendirse… allí, solo, tendido sobre las fauces del abandono, a latigazos de frío, a mordiscos de miedo con sabor a sal y a muerte. El silencio helado de las gotas ululaba por su piel… La garganta abismal del mar sabía esperar.

  Volvió a cerrar los ojos. Terror. Dolor. Frío. Soledad. Ya no podía más. Dentro de su ser se había roto todo... Y lo aceptó, y se dejó caer, sin lucha ya, a merced de un "Sea" que circulaba como sangre de estrellas por su cuerpo.

  A través de los párpados, medio velados por un sueño que se acercaba, fruto del congelamiento, entrevió una forma blanquecina a su lado. Se mecía, como él, en la vastedad cósmica del océano. Estaba hondamente callada, muda como él. No distinguió de qué ser se trataba. Tan sólo captaba una presencia neblinosa que emitía mucho, mucho calor. Y empezó a notar que sus miembros eran cubiertos por una gigantesca pluma caliente. El mar se había vuelto cálido. Ya no temblaba ni sentía pavor. De un modo lírico y piadoso, se sentía acogido. Y se durmió, consciente de que no era posible hundirse ya más de lo que su alma había experimentado. Un amoroso y lento sueño circuló por sus venas como un río calmo. Se rindió plenamente a esa sensación.

  Despertó. Incomprensiblemente, seguía vivo...

  Quiso moverse, pero no pudo. Estaba extrañamente enredado a una red de pesca. Oyó voces alarmadas de maravilloso timbre humano; voces hermanas...

  Y a su lado había una gaviota, que dormía. Era la misma presencia que le acompañó toda la noche, nítidamente contorneada. El ave, con un graznido limpio como el amanecer echó a volar hacia las abiertas manos del sol.

  Y él creyó sentir todas las gotas del mar a la vez derramarse tersamente por sus ojos.

***




Maite Sánchez Romero (Volarela) 
(De "El viento en tu rostro", Nov. 2020)

miércoles, 11 de mayo de 2022

El poeta está solo (Siete citas de Gustav)

                                                              Pintura: Chatterton
 


“¿Qué es erótico? El juego acrobático de la imaginación. El mar de recuerdos en que nos bañamos. El modo en que acariciamos y adoramos las cosas con la mirada. Lo que es erótico es nuestra pasión por la vitalidad de la vida.” Diane Ackerman


A partir de esta cita he escrito este relato con toques eróticos, según la propuesta de Gustav. Citas eróticas en su blog. 


                                                                   EL POETA ESTÁ SOLO


"Su cuerpo fue bebido como un néctar de hibiscos a pleno sol, por dos labios secos como dunas. 

Él resbaló por su corazón abierto, estremecido, y lamió cada uno de sus latidos en flor. 

El duro héroe se rindió ante la blanda walquiria de pubis de fuego. 

Mientras tanto, retazos de niebla copulaban con el sol y una polilla sobre un árbol se tiñó de oro."


Abre la ventana. El moscardón atrapado sale al fin. El joven está tan solo como un tren abandonado en Venus; un suspiro se le escapa hacia las esquinas dormidas del puro silencio. Coge un cigarrillo. Expele una voluta que quiere ser mujer. Abajo, en la calle chirrían unos frenos. Sale alguien del coche. El poeta se acerca a la ventana, ve una muchacha cruzar el asfalto con el poder contenido de los gatos y piensa: "Pudiera ser Ella; pudiera oler a lilas..." Y sigue escribiendo:

"Los amantes son descubiertos por la tormenta riendo bajo las sábanas del cielo..."

El poeta está sólo con su imaginación creando más y más volutas suaves como pechos de náyades.

De pronto, llaman a la puerta. El poeta abre y contempla asombrado. Traduce para sí:  dama amaneciendo, música de flautas en la piel; ojos de azul hipnótico, con acabados de gata siamesa. ¡Y huele a lilas recién abiertas... !

Descubre largas lianas cobrizas cayendo por su escote, cabellos que algún día podrían rodear plumosamente el estandarte ilusionado de su amor. 

Su líquida voz al presentarse es puro jugo de grosellas. 


Esa tarde fue muy fructífera para la vendedora. Su primer día y ya había conseguido cubrir el objetivo de una semana con aquel cliente que parecía haberle caído directamente de la luna.

Se cierra la puerta. El poeta vuelve a estar solo como un monolito en el océano. Pero le ha pedido su número de teléfono. Mira el papel garabateado por aquellos dedos como sombras de junco; todavía huele a musa. 

Soñará muchos días con ese papel. Lo estrujará en su pecho, lo besará, lo tirará a la calle y volverá a por él... hasta que comprenda que ella no contestará a sus llamadas... jamás. 


***








viernes, 22 de abril de 2022

El mudo

Inspirándome en una de las obras del pintor Denis Sharazin bajo la original propuesta de Mónica para este jueves simbólico.  Enlaces a los otros participantes

                                                                        



                                                                       EL MUDO QUE TENÍA UNA OBSTRUCCIÓN DE MARIPOSAS


 “Atención, atención, despejen la sala”, escucharon los lepidópteros.

 Todo estaba lleno, absolutamente lleno de pelotones de mariposas monarca en aquella estancia. Sólo habría cabido un alfiler agudísimo entre ellas, o la pequeñísima exclamación de admiración de un diminuto saltamontes. 

“Atención, despejen la sala”, escuchó Amenofis.

Llegaron los médicos. Le colocaron los tubos en la boca. Todavía contemplaba doradas mariposas que ocultaban el sol y abanicaban sus sienes.

Hacia treinta años que no hablaba. Tenía una obstrucción lingüística. El accidente de sus padres casi le arranca de un golpe el alma. El único modo que encontró de olvidar fue llenar voluntariamente su boca de mariposas mudas, imaginadas. Las monarcas eran la belleza pura, y las estudió en silencio, las siguió en sueños, en vida, en los libros de entomología, en el campo...

Pero al fin los médicos consiguieron desatrancarlo y extraer los delicadísimos restos de belleza devorada. Volaron más y más mariposas por la sala y el comenzó a hablar muy suavemente, ya curado y libre de aquel dolor de su infancia. Pero nadie pudo entender sus frases de néctar, sol y revoloteos musicales; sus palabras avainilladas, hechas de pétalos y estambres de terciopelo nocturno. Nadie, salvo las mariposas.

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jueves, 21 de abril de 2022

Otros juegos (microrrelatos)


Pintura de Denis Sarazhin


OTROS JUEGOS 


Javi y Nuria dejaron bruscamente de jugar. La cortina de la ventana se había levantado como impulsada por el viento. Olía a gominola de arándanos. Se acercaron. Vieron una mujer gigante que volaba frente a ellos envuelta en sedas del color de un atardecer. Sus ojos parecían los de una yegua maternal y plácida. Les ofreció su gran mano abierta y ellos no pudieron evitar darles sus pequeñas  manitas. Era irresistible la simpatía que emanaba de aquella criatura. Fueron llevados a un sitio hecho de pensamientos de colores, donde vieron a su perro, muerto hacía tiempo.  Estuvieron en una escuela muy distinta a la que conocían y pasaron varios siglos aprendiendo.

Cuando la cortina dejó de moverse, la madre los encontró un poco aturdidos, en el suelo del cuarto, con las fichas del parchís esparcidas por la alfombra.

Ellos miraron a su madre. Ya no sabían seguir jugando. Habían crecido de pronto. Tenían cuerpo de  niños pero su mente era de adultos; adultos muy poderosos. 

Pero tuvieron que disimular durante años y guardar su secreto, hasta que no pudieron evitar hacerse muy altos y echar a volar y buscar a otros niños que dejaran bruscamente sus juegos para conocer mundos... hechos del color del pensamiento.  




Un hombre desnudo (microrrelato)

Pintura de Denis Sarazhin


UN HOMBRE DESNUDO


En la manifestación se habían congregado más de cincuenta mil personas vociferando desesperadas. Parecían un sólo ser, vomitando la palabra justicia sobre una flor sin abrir.

Apareció entre ellos un hombre muy extraño. Encorvado. 

Se acercó a ellos con una vela que parecía un astro diminuto. Estaba desnudo. 

-Soy la luz, dijo. Seguidme.

Y se rieron de él. Y lo echaron a patadas. 

El pequeño astro que llevaba en la mano rodó y rodó hasta explotar y llenarlo todo de un silencio absoluto y mortal que recorrió el planeta como un lagarto gris y parsimonioso.

Gris pizarra (microrrelato)

Inspirándome en una pintura de Denis Sharazin

Otras muestras de inspiración a partir de sus obras aquí: 
Un jueves simbólico con Denis Sharazin

 

GRIS PIZARRA


Sus rodillas se llenaron del tinte negro del suelo. Veía un grito gris ceniza chocar con otro grito marrón y con otro más del color de la sangre. Todo por el aire. Era la guerra. Sólo existía el pánico a dos piernas golpeando con otros pánicos desbocados.

 Entrecrujir de nubes abortadas en un rincón del cielo. El horror la olisqueaba en la penumbra más total.

Ella sólo era una niña. Quiso borrar con su manita esa pizarra. Pero no pudo. 


-Matilde, deja de soñar, coge ya la tiza y haz la suma, le dijo la maestra. 

-No puedo, contestó. Y se marchó a su asiento a llorar.


***

INCERTIDUMBRE micro

 

Pintura: Denis Sharazin Denis 


 LA MUERTE


Despertó. No podía moverse. La muerte tiraba de su mano con una succión devastadora. Luego de su brazo.  Y de su pijama. Y de su cama. Y de su mujer en la cama; Y de su casa... Y de su madre, que en ese momento preparaba gachas... De su gato Ilu, de su trabajo, de sus amigos, de su barco, de su bonsai, de su país, de su planeta Tierra... Todo su mundo entero fue tragado por la muerte. 

Pero a él no se lo llevó.

Quedó flotando en el espacio, vivo, solo, contemplando la forma de la incertidumbre. 

sábado, 26 de febrero de 2022

Un roce de manos (estampa lírica)

                                                     ROCE DE MANOS




 

Dibujo:



1

 

Él tenía los ojos verdes y una risa ingenua como una fuente nacida de la roca.
Ella miraba con ojos tímidos, pero portaba una risa de seta silvestre oculta en el bosque de su imaginación.
Cuando lo espiaba desde la última fila de la clase, él notaba en su nuca el susurro  de un chopo moviendo sus hojas.

La maestra la sacó a la pizarra. Ella tartamudeó y sintió la garra de la vergüenza en sus hombros. Pero él la estaba mirando... más allá de su cuerpo tembloroso. Ella pudo notarlo..., y, como una rosa feliz bajo la lluvia, le entregó calladamente la seta de su bosque.

Al salir de clase se buscaron: dos olas cruzándose en la inmensidad del mar.
 

Ojos verdes, ojos tímidos; un roce sutil de manos... y alrededor de ellos el aire toma formas de pájaros azules.  Y un dulce olor a vainilla comienza a hacer nido en sus memorias. 

 

2

 

Ella prepara el café. Ojos calmos, de arrugas tostadas. Manos de hierba. 

Él lo coge de sus dedos con los suyos, temblor de agua vieja. Manos de mar.

Se tocan, se rozan en tibia confianza..., Y aflora entre los dos ese amoroso olor a vainilla... Y una liviana luna comienza a elevarse por el techo del salón. Crecen setas por los sillones, fuentes salen de los espejos, se agitan chopos en la lámpara, escapan las rosas de la tapicería, trinan las ollas...

Y sólo ellos saben por qué, después de cincuenta años, despega el amor ilusionado al menor roce de sus manos.


***

 

Texto: Maite Sánchez Romero  (Volarela)



sábado, 19 de febrero de 2022

Las llamas respiran. Relato breve

                              Fotografía https://www.posterlounge.es/p/722714.html
 


LAS LLAMAS RESPIRAN

  

  Aquella noche miró al cielo sin estrellas cubierto por una tenue y lechosa neblina que pendía como una cortina ajada a merced del viento. Su tienda de campaña lo protegía de la inmensidad sin voz ni ojos de la naturaleza, que sin embargo parecía observarlo y hablarle con labios fríos y mirada salvaje.

  Estaba solo. Palpaba la presencia estática del bosque a su alrededor, los pequeños crujidos de algún ratón de campo buscando comida, el lánguido gemido de una cría de cárabo escondida entre las ramas. Su mente comenzó a imaginar la luna oculta por las nubes, como un desolado cuerpo vacío lleno de cicatrices que rejuvenece en toda su mágica divinidad cuando el sol la mira. Todo era poesía si se observaba con candor. A  todo podía dotar de sentimientos. Los sentimientos que un ser humano va derrochando al pasar; porque sólo era eso: un sencillo hombre hecho de huesos y dolores, de sangre y risas, de emoción y llanto. Y con esos pinceles a cuestas pintaba todo lo que veía. Pero la noche era más. Los seres, el tiempo, la Tierra, los ríos, los caminos… eran más de lo que él interpretaba. Y no era capaz de comprender en realidad nada de ese jeroglífico llamado vida. Se sentía como el pobre escarabajo que aquella mañana trepó indeciso por su bota sin sospechar siquiera la presencia de un gigante a su lado.

  Abrió el paquete de queso y se calentó un vaso de leche. El suave siseo del fuego azul saliendo por el hornillo le trajo a la memoria las palabras de su hija pequeña una tarde de invierno, cuando aún vivía: “¿Papá, las llamas respiran?”

“Sí, hija. Todo está vivo, por eso el fuego respira, y quema, y produce dolor. No debes tocarlo. “

  Pero él lo tocó. Tocó el amor, la unión, la vida, y ahora sangraban sus heridas sin cerrar. Porque era sólo un hombre desamparado ante la fuerza de sus propios sentimientos, y, como una hoja en la corriente fragorosa, sentíase arrastrar, inerme, hacia un mar de tristeza, que lo recibía con sus brazos vastos y ondulantes.

  Cerró el hornillo y se preparó el café. El sonido de su propio cuchillo cortando el pan ponía de manifiesto su gran soledad. Un grillo comenzó a grabar en la tablilla de la noche sus tímidos puntos suspensivos. Miró de nuevo al cielo; un extraño meteorito se abría paso entre el vaporoso velo de nubes. Era casi imperceptible, y sin embargo, antes de borrarse del todo, juró ver en la inmensidad nubosa un rastro luminoso de palabras: 

“Papá, dime: ¿Las llamas respiran?”


***

domingo, 6 de febrero de 2022

El ópalo. Relato para El Tintero de Oro

 



Relatos cuyo principal tema sea un joya.
Más relatos participantes en el Tintero de oro:




                                                                   EL ÓPALO



  La inmortalidad era algo efímero, volátil; en un instante podría desaparecer. Ella era inmortal. Hasta que allí, en mitad de la gente se desplomó. Y la sangre comenzó a manar por todos sus miembros tiñendo la ropa, el suelo y reflejando cárdena asombro en los ojos de los transeúntes. Su conciencia no podía detener su precipitación hacia la muerte. Se daba cuenta de que la joya había rodado por su pantalón. Estaba cerca de su pie izquierdo, pero no tenía fuerzas para cogerla. Treinta segundos antes la mano de un ladrón había arrancado de cuajo la cadena de oro del cuello que sostenía la sagrada piedra junto al pecho de la mujer. La inmortalidad era un regalo efímero; la vida se le concedía, segundo a segundo, a través de aquel ópalo que contenía un arco iris de energía en su interior. Y mientras lo llevase pegado a su piel sería alguien único capaz de saborear la eternidad. Porque aquel mineral majestuoso llegó a su vida poco después de nacer. Abrió los ojos al mundo envuelta en sangre. Todo su cuerpo se negaba a vivir, afectado por una extraña enfermedad que la hacía desangrarse, por fuera y por dentro, lentamente, como si sus tejidos no tuvieran fuerza y al menor movimiento se abrieran y derramaran toda su esencia vital. Al bebé le quedaban unos días de vida, cuando un desconocido se acercó a sus padres, habló largo rato con ellos y  después les dio la joya. La debía llevar siempre colgando a la altura del pecho o moriría. En el momento en que acercó la piedra a la criatura, ésta comenzó a revivir. Sus heridas se cerraban mágicamente, el fluido de la vida pura corría por sus venas, y en sus ojos nacía el grito de la salud perfecta.

  Siempre caminó con miedo entre los otros. A nadie confesó su secreto. Temía perder su joya. Casi se sentía culpable de aquel don. Vería morir a todos, mientras ella seguiría adelante, imparable, como el viaje de los planetas.

  Ahora, en el suelo pero flotando sobre un hilo de pensamientos a punto de romperse, veía gritos sobre ella cayendo como lluvia roja: “Rápido, llamen a una ambulancia”. Le agradaba la caridad. El tiempo no tenía prisas, se había detenido como un tren en una parada. No sentía dolor, misteriosamente. Parecía envuelta en un montón de manos acariciadoras que tiraban dulcemente de ella, no sabía hacia dónde. Un niño se separó de su padre y se arrodilló junto a ella. Lo miraba con ojos de corzo asustado. Estaba perplejo ante el espectáculo. La mujer, desde su cabeza inmóvil, consiguió articular unas palabras: “Al lado de mi pie, la joya, dámela”. Y el niño buscó y encontró la belleza hecha piedra, y lleno de una euforia salvaje y desconocida, se la entregó. Ella la colocó sobre su pecho. Acudieron veloces, de todos los árboles próximos, cientos de pájaros, y en un instante su cuerpo estaba repleto de aves, como si ella misma fuera un eucalipto gigante. Parecían alegres, entusiasmadas. Jugaban, saltaban, piaban a su alrededor y sobre ella. La mujer se incorporó. Tenía adheridas a la piel plumillas y excrementos de pájaros, y una tibia sensación de afecto. Notó la fuerza de la vida ascendiendo hasta su frente. La sangre de su ropa se había secado y pegado a sus miembros debido al gran calor que despedía su cuerpo. El círculo de personas curiosas lanzó una exclamación y aplaudió alegre, llevada por un súbito impulso irracional. Ella se abrió paso entre ellas como un furioso torrente de fuego y corrió hasta desaparecer de sus ojos alucinados. No hubo nadie que no sintiera el abrasador calor unos segundos penetrando, atravesando más bien, sus cuerpos, dejándoles después una bella sensación de celebración. Todos creían haber vivido un sueño y hacían esfuerzos por recordarlo y no despertar.

  Una vez en su casa, acarició la piedra durante horas. No se movía de su silla, junto a la ventana. Meditaba. Ya tenía ciento ochenta años, aunque aparentara treinta. Mirar su ópalo maravilloso era entrar en otro mundo nuevo, inconmensurable; despertaba en ella una creatividad sin límites. Cuántas veces había pensado en lo difícil que era dejar de vivir, de experimentar, de gozar con una salud tan plena.

  Deambuló meditando más de un mes, de aquí para allá. El accidente la había impresionado. Todo su largo pasado desfiló por su mente poblándola de dudas.

  Un día, en la cola del supermercado, dos mujeres charlaban frente a ella, mientras la pequeña niña de una de las dos, desde su sillita, la  miraba fijamente. Contempló la curiosidad más pura con forma de niña. Aquella mente acababa de nacer. Y comenzaba a llenarse.

  Se decidió al fin. Creyó comprender plenamente el sentido de la joya. Se preparó para morir. Temblando, se dirigió a un hospital y entabló conversación con los padres de un bebé muy enfermo, agonizante. Les explicó el milagro de su existencia, y luego depositó en el pecho de la criatura aquel regalo que no le pertenecía, porque como la propia vida, sólo le fue prestado. 

  Mientras ella moría ocultamente, sonriendo, el prodigio de los gorriones entrando por las ventanas, las ovaciones y los aplausos contagiosos se extendían por todo el hospital. El ópalo brillaba y prolongaba su propia eternidad de hombre en hombre. 

  





sábado, 5 de febrero de 2022

Burbujas

 



Pintura de Nicoletta Tomas Caravia


                                                BURBUJAS


La burbuja de Sofía estaba cada día más limpia. Ella se esmeraba en pasarle el plumero cada día; la llenaba de trinos y la aromatizaba con eucalipto y ciprés. Cuando encontró a Magdalena, tristemente reparó en su burbuja llena de remiendos, pálida y cenicienta. De entre el polvo se le escapaban  polillas.

─ Pareces muy triste le dijo.

─ Acabo de romper con Daniel.

Decidieron detenerse a la orilla del mar para hablar. Frente a ellos los paseantes portaban sus burbujas de colores. Uno de ellos la tiró al mar, lleno de furia. Contemplamos la burbuja explotar y formar parte de la espuma, que enseguida se tiñó de rojo. Nos compadecimos enormemente de él.

Un niño llevaba su burbuja atada a una cuerda de plata, como si fuera una cometa. La burbuja reflejaba un velero de velas rosas. Crecía y crecía tanto como la sonrisa de la criatura, que, descalza, chapoteaba en la orilla espantando a una gaviota, cuya burbujita estaba tan nueva como el cielo.

─ No sé cómo reparar mi burbuja. No me queda nada para remendarla. Muy pronto moriré ‒le dijo su amiga.

Al oír esto, Sofía la abrazó, y de su propia burbuja salió una clemátide que se adentró en la de Magdalena. Allí arraigó y comenzó a florecer.

Sofía volvió a casa muy triste. Sintonizó su burbuja con la música de las esferas y se durmió entre sollozos.

Al día siguiente, la gran burbuja del amanecer le trajo miles de pétalos de clemátide que cayeron inundando la calle. Era el adiós de Magdalena.

Notó cómo su burbuja se volvió densa como una montaña; su corazón no podía contenerla y ella apenas podía caminar.

Abrió la ventana más alta de su burbuja, la que miraba al cielo; y vertió por ahí todas sus lágrimas hasta volverse tan ligera que ascendió, siempre en su brillante esfera, hacia su amiga.

***